Ezio Rojas / [email protected]

 

¿Quién no quisiera ser millonario? Creo que es un deseo que todos tenemos en nuestro interior. Dinero para obtener salud, dinero para viajar, dinero para consentir a los que queremos y dinero para comprar, comprar y seguir comprando. Desde tiempo inmemoriales, la humanidad ha visto al dinero como la solución definitiva para todos los problemas existentes.

Por un lado, este afán por el dinero ha generado buenos frutos. Motivaciones personales, innovaciones tecnológicas y una mejor calidad de vida en sentido general han sido obtenidas por medio de la persecución del dinero. Pero, por el lado negativo hemos podido ver como el amor al dinero ha traído avaricia, codicia y corrupción, valores que han generado serios problemas en la humanidad.

Ese lado negativo del dinero ha sido utilizado por muchos aprovechadores que, bajo el título del emprendimiento, han logrado sacar mucho dinero a las personas bajo la promesa de entregarles más dinero en un futuro. Aunque nos pueda sonar paradójico, el hambre constante del dinero ha generado que muchos pierdan dinero.

Estos aprovechadores también existen en el mercado de las criptomonedas y operan con un esquema denominado “ICO”. El concepto viene del inglés “Initial Coin Offering”, que se traduce como “Oferta inicial de moneda”.

Una ICO es un método de financiación utilizado por las empresas relacionadas con las criptomonedas y lo que se busca es ofrecerle al inversor un “precio de preventa” de una criptomoneda en específico desarrollada por la empresa que está detrás de la venta. Una vez que se recolecte el dinero, se espera que el mismo sea utilizado para desarrollar el proyecto tecnológico que va a sustentar a la criptomoneda… O al menos eso es lo que se espera.

Las ICO no cuentan con ningún tipo de marco jurídico. Si usted invierte en una ICO y resulta que el proyecto finalmente no despega y los desarrolladores utilizan el dinero para otras “cosas” (yates, mansiones, viajes), usted no tiene ninguna herramienta o acción legal para poder pedir una devolución de su inversión.

Al llegar aquí seguramente pensarán que todos los que invierten en una ICO son personas mentalmente inhabilitadas puesto que nadie en su sano juicio haría una inversión bajo estas condiciones. No obstante, las inversiones en este mercado son bastante considerables y los inversores de las ICO legitimas han reportado ganancias de hasta 10.000% (Invirtieron 1 dólar y obtuvieron 10 mil dólares).

Al ver un porcentaje de 10.000% de ganancias seguramente se estarán preguntando por qué vengo despotricando de las ICO en todo el artículo y es porque no me creó el mito. Bajo esos números, muchos “proyectos” han logrado engatusar a los inversores para que crean que invertir en ellos también generará esos retornos de inversión cuando la verdad es que no tienen ni la capacidad, conocimiento o intención para que la moneda pueda tener el valor que están proponiendo.

¿Entonces todas las ICO son malas? No, existen muchas criptomonedas grandes que han surgido de ICO y han logrado impactar positivamente dentro del mercado. Así mismo, también existen criptomonedas un poco más pequeñas que si bien no han logrado unos porcentajes de ganancia tan impactantes, han traído lucro para los inversores.

¿Y cuándo sé que estoy frente a una ICO buena? Para empezar, no todos deberían invertir en una ICO. Se necesita saber de tecnología, finanzas, derecho y por supuesto, del mercado de criptomonedas. Todo esto se requiere para evaluar la naturaleza del proyecto, la posible competencia que tenga dentro del mercado, las dificultades que enfrentarán en su desarrollo y muchos otros elementos propios de la moneda.

Así que ya saben, si les invitan a participar en una ICO no se deje llevar por el impacto de las ganancias de otras criptomonedas. No todas las ICO terminan bien, ese es el mito de “El Dorado” dentro de las criptomonedas y ha generado que muchos pierdan más de lo que quieren reconocer.