Un abuelo bendecido por la gracia de Dios

 

Bladimir Martínez Ladera

Sentí que había algo en mi nieto, cuando iba a cumplir un año, me llamó mucho la atención su mirada. Mi hija no lo quería aceptar, hasta que le tocó llevarlo a chequeo médico.

Una vez que obtuvo el diagnóstico de los especialistas, se acordó de lo que yo en algún momento le comenté. Mi nieto, tiene mi segundo nombre Bladimir, algunas veces está de buen humor y otras veces está insoportable, todos en casa hemos aprendido a lidiar con ese niño de seis años.

Sé, que es lo que le gusta y que es lo que le puede incomodar, intentó persuadir a mi hija, pero no me ayuda. No me gusta verlo gritar, siento que se lastima cuando lo hace y lo hace para conseguir lo que quiere.

Acude al preescolar con su hermanita de cuatro años, igual está en el Centro de Atención Integral para Personas con Autismo (CAIPA), en Villa Asía.

Se le puede entender algunas cosas cuando habla y otras no. Su hermana es la que nos traduce, ella pareciera que interpreta su lenguaje.  Desde que llegó al mundo con esta condición, lo veo como una bendición, como un propósito de Dios.

Este día, 2 de abril, es un momento para que la humanidad entienda que ellos, son personas normales, especiales y dotadas de ciertas condiciones que nosotros no tenemos, lo único que no demanda la sociedad es que les tengamos paciencia.

Mi nieto, tiene capacidad para saber, entre lo bueno y lo malo, identifica las cosas, también los sabores, es un niño especial, Me ayuda, todo lo quiere hacer y aprende muy rápido.

Cuando salimos a comprar agua, o a la bodega, ya sabe por donde no debemos pasar. El ladrido de los perros lo perturban, también el de los carros grandes, el único ruido que no le exaspera es el berrinche que hace en la casa cuando quiere llamar la atención.

Pido a la gente cuando se tropecé con un niño que tenga está condición, no lo vea como una persona extraña, tampoco a sus padres, momentos en que les toca lidiar con su hijo en un autobús, recuerde que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, todos somos iguales.