
Aún permanece con las puertas abiertas la entidad bancaria Del Sur en la carrera Caicara, sucursal financiera vinculada al desarrollo industrial de la ciudad, mientras que a un lado están los edificios Vigo y Caselas; al otro extremo la Corporación Jorin, adyacente la antigua Hyundai y Ferrocasa, sin embargo lo que desapareció fue el mantenimiento de este sitio icónico de Puerto Ordaz.
La plazoleta que se encuentra en medio de la carrera Caicara, cruce con la Miamo y Tumeremo, sus caminerías se perdieron entre las hojas secas que cubren cada pasillo, incluyendo las áreas verdes que rebosa de maleza y tumultos de ramas secas.
Este lugar forma parte del primer núcleo urbano planificado de Puerto Ordaz, levantado en los años cincuenta alrededor del llamado Centro Cívico, cuando la Orinoco Mining Company empezó a construir la ciudad vinculada a la explotación del hierro y al puerto sobre el río Caroní.
Los grandes árboles de ceiba con sus ramas extendidas y desafiantes hacia diferentes direcciones arropan la plaza para dar sombras a cualquier mortal que haga una parada en este sitio.
Paz y tranquilidad
La soledad se percibe, al igual que la tranquilidad que se siente tras respirar aire puro en este lugar que es parte de la “ciudad jardín” como se le conoce a Puerto Ordaz, solo el canto de las aves que se posan en las ramas de los árboles acompañan a los inquilinos de esta zona que es parte del pulmón de Ciudad Guayana.
Según un comerciante el descuido comenzó luego que se fue Fospuca. La cuadrilla que estaba asignada a este espacio ya no la volvieron a ver, por esta razón la plaza se encuentra inundada de hojas secas.
El abandono no solo se observa en la plaza, igualmente en sus alrededores de ambas calles están llenas de huecos, aunado a los botes de aguas blancas y maleza en las áreas verdes.
Horas nocturnas
Cuentan lugareños que aún funcionan las bombillas de las lámparas, la luz un poco opaca pero mantienen alumbrada en este lugar, en las noches únicamente se siente un silencio sepulcral, una vez más que otra el maullido de un gato, o el ladrido de un perro que viene de los sectores cercanos como Puerto Libre.
También se pudo conocer que hubo un tiempo que los pocos negocios que aún siguen funcionando en la carrera Caicara, eran azotados por delincuentes. Los dueños tuvieron que colocar rejas para evitar que niños en situación vulnerable ingresaran a los locales.
Es necesario que la alcaldía de Caroní retomé el mantenimiento de esta plaza, al igual que otras de la ciudad que se hallan abandonadas.
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