Ciudad Guayana. ¡Cómo valoramos ahora la compañía de la familia, de los amigos y la posibilidad de abrazarlos! Algo que nos parecía rutinario…. ahora es excepcional.

Buena lección para todos y cada uno de nosotros.  Pero más allá de eso, estableció nuevos patrones tanto de conducta  social como en lo personal.

Particularmente lo siento como un año de aprendizaje, de fortalecimiento de los lazos de solidaridad, en ver en el prójimo el hermano del que nos habla Dios… no por cumplir un mandamiento, no, es porque realmente sentimos que lo es.

El 2021 nos sorprenderá, porque la capacidad de imaginación se perdió, ya no hay agenda que seguir, ni tiempos por establecer; las planificaciones a largo y mediano plazo son un mero recuerdo, ahora prevalece la inmediatez y lo que tengamos a mano.

Hoy por ejemplo, me permití disfrutar en la madrugada de la luz de la luna, estaba resplandeciente y pensaba en lo bella que es, y cuantas lunas me perdí pero allí estaba en la ventana de mi baño disfrutándola en todo su esplendor.

La sonrisa… ahhh nuestras sonrisas, esas que no aprecié  antes, la busco con afán tras el tapabocas, y disfruto cuando veo a un niño sonreír, he allí la esperanza, sì…. esa que debemos fortalecer, esa que no se debe perder. 

Insisto en mantener la FE -con mayúscula- porque se debe maximizar el esfuerzo en no soltarla, FE en que Dios disipará estos nubarrones, y limpiará nuestros cielos para hacerlos diáfanos, libres y alegres.

Volvamos a sonreír, volvamos a soñar, yo me permito eso cada día a pesar de la adversidad. Algunos afectos hoy faltarán, en muchas mesas habrán puestos vacíos, pero el extrañar sabemos que  es el precio de amar, y ese amor nos permitirá recordarlos con cariño y el agradecimiento de haberlos conocido, en la expectativa de volvernos a encontrar.

Que el nuevo año traiga mejores cosas de las que esperamos.

Dra. Jalousie Fondacci

Directora

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