Todas las vías de acceso a las zonas agrícolas y comunidades de El Palmar se hallan destruidas. Foto: Saúl Rondón

El Palmar tiene más de 279 años de fundado. Durante generaciones, este rincón del municipio Padre Pedro Chien se caracterizó por ser el corazón agropecuario de la región, reconocido por producir uno de los mejores quesos del estado Bolívar. Sin embargo, el panorama idílico cambió drásticamente. Desde que la zona se transformó en un eje de tránsito y explotación minera, hace aproximadamente dos décadas, la producción del campo cayó en un foso de abandono. Las tierras fértiles quedaron en el olvido, desplazadas por el espejismo del metal precioso.

Llegar al pueblo es una travesía de resistencia. Son aproximadamente 60 kilómetros desde la Troncal 10 hasta El Palmar; aunque hay tramos bajo promesas de asfaltado, el avance es mínimo y la realidad es crítica. La carretera se halla destruida y los grandes huecos imposibilitan el tráfico automotor regular. La situación empeora drásticamente al cruzar el obelisco de entrada; a partir de ese punto, las principales vías de acceso al casco central muestran un deterioro aún más severo.

Un municipio con casi 279 años de fundado y su gente padece por falta de todos los servicios básicos. Foto: Níger Martínez

Campos vacíos y plazas desoladas

La crisis se respira en el silencio de sus calles. La Plaza Bolívar, que solía ser el punto de encuentro obligatorio para propios y turistas, ahora se encuentra completamente desierta.

Los vendedores informales que expendían café, raspados, tetas y otros productos locales prefirieron abandonar sus negocios tradicionales para marcharse a las minas.

«La desidia es grande, tenemos muchos problemas en el pueblo. Todas las vías agrícolas colapsaron, solo se puede transitar en vehículos rústicos o en bestias», relata con amargura un agricultor local. El trabajador asegura que la mano de obra desapareció; los peones rechazan los salarios del campo porque prefieren ir a los campamentos mineros, argumentando que con una sola grama de oro logran salvar la semana. Ante esto, ya nadie quiere limpiar ni sembrar las tierras.

Su gente se queja por la falta de gasolina, un cementerio colapsado, vías intransitables, falta de apoyo a los productores

Río Grande: El saqueo silencioso de la Serranía de Imataca

En plena Serranía de Imataca se encuentra Río Grande, un área donde la explotación minera y forestal avanza sin frenos. «El contrabando de madera es descomunal. Las gandolas salen por caminos verdes sin que nadie las detenga hacia la zona del Delta Amacuro, aunado a la devastación minera sin control», explica con impotencia un nativo del municipio.

Para empeorar el escenario, la carretera que conecta a El Palmar con Río Grande está convertida en un auténtico lodazal lleno de huecos de todos los tamaños con agua estancada. Este abandono no solo destruye los vehículos, sino que mantiene al sector en una crisis social profunda: escuelas destruidas, dispensarios médicos sin medicamentos y productores totalmente desasistidos.

Sin combustible para salvar la cosecha

Para los pocos campesinos que se resisten a abandonar el oficio, el día a día es una condena. Uno de los problemas más graves que asfixia a los productores es la escasez absoluta de combustible; no hay gasolina ni gasoil para los pequeños ganaderos.

Un productor de la zona denunció que, a pesar de cosechar con esfuerzo rubros como ají, pimentón y maíz, muchas veces la comida termina pudriéndose en los terrenos porque no cuenta con un vehículo ni el combustible necesario para trasladar la mercancía a los centros de consumo.

Testigos del declive y colapso institucional

La historia viva del pueblo se resguarda en el Comercial Pablo Lanz, un negocio icónico fundado en 1944. Sus cuatro emblemáticas puertas de madera aún se abren de par en par bajo la mirada de Leonardo Lanz, uno de los hijos menores del fundador. Con orgullo por su pasado pero con profunda preocupación por el presente, Leonardo recuerda: “Antes dependíamos únicamente de la agricultura y la ganadería. El Palmar fue uno de los productores de leche, carne y queso, ahora con la minería eso se acabó”. La crisis es tan extrema que ha alcanzado los servicios públicos más básicos; Lanz señala que el cementerio municipal colapsó hace tiempo, obligando a los habitantes a sepultar a sus difuntos unos encima de otros de manera aérea.

Por su parte, Carlos Solis denuncia que el colapso definitivo de las calles internas de El Palmar es provocado por el paso indiscriminado de vehículos de carga pesada.

Las gandolas cargadas con material aurífero van y vienen de las zonas mineras transitando libremente por las vías del pueblo y por la Troncal 10 sin ningún tipo de regulación. “Estamos cansados de pedir el mantenimiento de las vías y nadie responde al llamado del pueblo. Ahora que comenzó el invierno están más destruidas y a medida que pasa el tiempo seguirá colapsando”, advierte Solis, sentenciando que la identidad agropecuaria está en riesgo de extinción total ante la falta de políticas públicas reales.

 

Exhorto urgente a la Alcaldía del Municipio Padre Pedro Chien

Afectados manifiestan que es imperativo que las autoridades locales abandonen la apatía y asuman la responsabilidad directa sobre el municipio. Se exige la presencia inmediata del alcalde en los sectores afectados, la activación de un plan de bacheo de emergencia para el casco central y la regulación estricta del transporte pesado aurífero que destruye las calles. Asimismo, es urgente la habilitación de un nuevo terreno para el cementerio municipal, solucionando una crisis de salubridad que afecta la dignidad de las familias palmarenses.

Exhorto urgente a la Gobernación del estado Bolívar

También indican que el gobierno regional debe atender el clamor de un pueblo que se comunica a través de lodazales. Se requiere el envío inmediato de maquinaria pesada para la rehabilitación de la carretera hacia Río Grande y el rescate de las vías agrícolas troncales; mientras que el Ejecutivo Nacional debe intervenir de manera prioritaria para frenar el ecocidio y el contrabando en la Serranía de Imataca. Se solicita el despliegue de comisiones de seguridad ambiental para detener el tráfico ilegal de madera en áreas protegidas.

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