

La desidia gubernamental y el abandono criminal de los servicios públicos mantienen sumido en una emergencia humanitaria y sanitaria al callejón 2, adyacente a la calle 10 de la urbanización La Unidad, en la parroquia Simón Bolívar de San Félix.
Más de 30 familias enfrentan una pesadilla diaria debido al colapso absoluto de las cañerías, una tragedia urbana donde las aguas fecales ya no solo inundan las calles, sino que brotan impunemente por debajo de los pisos y a través de las paredes de las viviendas.
El hedor putrefacto es la carta de presentación de toda la comunidad. Las corrientes de aguas servidas descienden sin control por la principal arteria vial, exponiendo a cientos de transeúntes e infantes a una contaminación descontrolada ante la pasividad cómplice de la Alcaldía de Caroní, la Gobernación del estado Bolívar y los entes adscritos a la hidrológica.
Simulación oficial e inoperancia técnica
Las respuestas de las instituciones se han reducido a puestas en escena tan efímeras como inútiles. Habitantes del sector denuncian que los camiones hidroneumáticos enviados por el Estado solo acuden a estacionarse para fingir operatividad, retirándose sin ofrecer solución alguna al percatarse de la magnitud del desastre.
Para los vecinos, los paños calientes ya no sirven. Las tuberías están completamente colapsadas, obstruidas por toneladas de tierra y sedimentos acumulados durante años de abandono. La única salida técnica viable es la intervención profunda de la vía; romper el pavimento, extraer el colapsado sistema de colectores y sustituirlo por tuberías nuevas. Sin embargo, la indolencia oficial condena a la comunidad a la precariedad más absoluta.
Vivir entre la miseria y el abandono infantil
Las consecuencias de esta crisis golpean con crueldad a los sectores más vulnerables. Maure Mendoza, residente de una vecindad donde conviven más de 12 niños, relata con desesperación cómo los menores ya sufren las secuelas de este foco infeccioso.
«Algunos presentan problemas respiratorios, diarreas, erupciones en la piel y otros problemas de salud», denuncia Mendoza, quien asegura que la situación empeora drásticamente con las precipitaciones, cuando las casas terminan anegadas de aguas negras. La degradación de la calidad de vida ha llegado a extremos indignos; familias enteras, incluidos adultos mayores, se ven obligadas a hacer sus necesidades en latas para luego desechar los excrementos en un terreno baldío ubicado a espaldas del antiguo club de boxeo de La Unidad.
Por su parte, Génesis Vegas, madre de un recién nacido e improvisadamente alojada con otras cuatro familias en la abandonada sede del Colegio Los Salmos, exige respuestas contundentes a un gobierno regional que parece ignorar el sufrimiento de su gente.
Fondos fantasmas y recursos extraviados
El drama de La Unidad no solo se compone de tuberías rotas, sino también de la opacidad y la sospecha de corrupción en el manejo de los dineros públicos.
Ramón Guerra, líder de calle y miembro del consejo comunal, confirmó la gravedad del problema al señalar que incluso una boca de visita interna en su residencia se desborda constantemente, convirtiendo el espacio en una laguna de inmundicia cada vez que llueve. Lo más indignante, según denuncia la comunidad, es que el sector había ganado dos proyectos de aguas servidas financiados con recursos asignados por el Consejo Federal de Gobierno. A la fecha, nadie da razón de los fondos ni explica en manos de quién quedó un dinero destinado a salvar la salud de los vecinos.
Mientras las autoridades se esconden tras el silencio burocrático, las calles y los hogares de La Unidad continúan sepultados bajo las aguas negras, exigiendo una intervención inmediata que rescate a estas familias del abandono institucional.
¡Síguenos en nuestras redes sociales y descargar la app!














