
Son casi dos décadas que los residentes de los sectores I y II de Gran Sabana, conocida como Core 8, en la parroquia Unare, Puerto Ordaz, resisten en medio de un paisaje contaminado por aguas fecales. En algunos tramos, lo que antes eran calles ahora se ha convertido en pequeños lagos de aguas residuales, según denuncian vecinos que sueñan con la construcción de un colector definitivo que acabe con el caos cloacal.
«Con el colector de aguas negras este problema queda subsanado. La red de cloaca se halla colapsada, las aguas fecales no tienen por dónde circular y brotan por las bocas de visita», asegura Ángel Suárez, quien no ve la hora en que las autoridades de la alcaldía de Caroní y de la gobernación de Bolívar asuman de verdad la responsabilidad de intervenir en el sector, en lugar de atajos y paños de manta.
Niños del beisbol inmersos en el hedor
Más de 150 estudiantes de beisbol del sector II de Gran Sabana son parte de los más afectados por el colapso de las aguas residuales. En la calle 19, apenas a un costado del estadio Semilleros del Core 8, una laguna de aguas negras se estanca junto al terreno de juego, mientras el hedor de aguas putrefactas compite con el polvo de la cancha.
Tanto la Liga de Béisbol Leones de Guayana como la Liga Ave Fénix acusan que el olor y las condiciones insalubres han mermado el rendimiento físico y la concentración de un sector clave de la formación deportiva local. «No es suficiente que lleguen con el camión y hagan un mantenimiento rápido, porque a los pocos días se pone peor. La solución de verdad es construir el colector principal de aguas negras para que las aguas circulen con libertad y no salgan por las bocas de visita», explica un entrenador de la generación de relevo, quien ve cómo el deporte de la comunidad se ve asfixiado por la misma infraestructura que se niega a solucionar.
La Constituyente asfixiada por las cloacas
El problema no se limita a Gran Sabana o a la calle 19. Habitantes de La Constituyente padecen por las mismas aguas residuales que brotan de las tuberías y se represan en las vías. Ana Valenzuela detalla que la parte baja de la comunidad es la más castigada: «Todos los cachimbos de las casas botan aguas residuales, perjudicando a los residentes. Lo mismo pasa en algunas viviendas del sector La Teodokilda; los vecindarios cercanos son los únicos que no se ven tan afectados porque ni siquiera tienen red de aguas negras».
En la calle 19, junto al sector La Constituyente, persiste una especie de lago de aguas negras que sale de las bocas de visita y se extiende por la vía, mientras que otra parte del cauce cloacal se dirige a la parte baja de la calle, inundando calzadas y pasillos. Los niños y adolescentes que practican béisbol casi tienen que hacer malabares entre el olor, el calor y la propia presencia constante de moscas y roedores.
Caldo de cultivo sanitario
Lo que vecinos describen como «un caldo de cultivo» afecta tanto la salud como la dignidad de la vida diaria. Las cloacas colapsadas generan escapes constantes, y las escasas intervenciones de Hidrobolívar se reducen a destapar bocas de visita y limpieza superficial, que solo alivian por días el problema. «Aunque llegan con los camiones, a los pocos días todo vuelve igual o peor. Es un problema de nunca acabar», sostiene uno de los afectados.
Los comerciantes cercanos aseguran que esta comunidad «no tiene doliente». «No es justo que las calles estén llenas de huecos, ni que las aguas cloacales salgan de las cañerías y corran por las calles, afectando la salud de la gente, y que nadie haga nada por solucionarlo», afirma uno de los vendedores.
El reclamo se acrecienta porque muchos de ellos pagan una alta carga tributaria a la alcaldía de Caroní y al SENIAT, sin ver reflejo de sus impuestos en mejores calles, saneamiento ni servicios básicos. «El barrio va de mal en peor. Todos los servicios están colapsados, mientras que aquellos que se atrasan con los impuestos son sancionados severamente. La ciudad se quiebra, y el Estado sigue mirando hacia otro lado», sentencia otro comerciante, con el olor de la cloaca como telón de fondo de su protesta callada.
Mientras el colector se retrasa, las aguas negras siguen viajando por la superficie, y el Core 8 se convierte en un laboratorio de la insalubridad urbana; un barrio que se ahoga en sus propios desperdicios y en la falta de responsabilidad de las autoridades locales y regionales.
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