La llegada del secretario de Interior de EE.UU., Doug Burgum, a Venezuela para impulsar inversiones en los ricos yacimientos del Arco Minero del Orinoco abre un nuevo capítulo en la estrategia energética de Donald Trump. Es la segunda visita de su gabinete tras la operación militar del 3 de enero que derrocó a Nicolás Maduro; Burgum se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez y empresarios atraídos por la minería legal e ilegal en el sur del país, donde operan grupos armados.
Decretado en 2016 por Maduro, el Arco Minero del Orinoco (AMO) abarca 111.843 km² en Bolívar —mayor que Portugal o Cuba, 12,2% de Venezuela—, limitando con Brasil y Guyana. Alberga bauxita, tierras raras, hierro, oro, coltán y más, según el Plan Minero 2019-2025.
Área protegida y hogar de nativos
Provea alerta que incluye parques Canaima (Salto Ángel, 979 m) y Jaua-Sarisariñama, Reserva Forestal del Caura, Biosfera Delta del Orinoco y monumentos como Ichún-Guanacoco. Son territorios ancestrales de warao, pemón, ye’kwana y otros indígenas.
Riqueza y violencia
Crisis Group documenta minería ilegal de oro desde los 2000 en Bolívar y Amazonas, expandida por brasileños, colombianos, ex-FARC, ELN y bandas venezolanas que controlan zonas clave.
Sanciones a inversiones
EE.UU. sancionó la producción áurea desde 2018, aliviadas en 2023 y reactivadas en 2024 contra Minerven. Axios reveló negociaciones para vender 650-1.000 kg de oro Dore (US$165 millones) a Trafigura para refinerías yankis, promoviendo un «sector minero legítimo».
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