Fotografía de un edificio afectado por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, este lunes en Macuto estado La Guaira (Venezuela). EFE/ Mauricio Torres

Construir sobre terrenos duros y rocosos en lugar de arcillosos, optar por estructuras de hormigón armado y diseñar edificaciones compactas —sin voladizos ni plantas irregulares— constituyen las principales herramientas de la arquitectura moderna para mitigar el impacto de terremotos devastadores. Eugenia del Río, secretaria del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), aclaró que la misión de la disciplina no es evitar que el edificio se mueva o sufra desperfectos estéticos, sino lograr que oscile de forma controlada y absorba la energía transmitida por el sismo sin llegar al colapso estructural.

Esta perspectiva técnica cobra relevancia luego de que la NASA calculara, mediante el análisis de imágenes satelitales, que el reciente doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 podría haber dañado o destruido aproximadamente 58.800 edificaciones en el país. Del Río enfatizó que una estructura puede registrar daños severos en su tabiquería y fachadas, pero cumplir con éxito su función primordial si logra mantenerse en pie y resguardar la vida de sus ocupantes. Al evaluar la catástrofe actual, la experta atribuyó la vulnerabilidad de muchos bloques a factores como limitaciones presupuestarias, la antigüedad de las construcciones, el desconocimiento técnico o la falta de mantenimiento preventivo.

El análisis del suelo y la cimentación adecuada

La planificación de cualquier proyecto sismorresistente parte del estudio detallado del suelo, considerado la base portante y el componente inicial del edificio. Desde el punto de vista de la ingeniería, las ondas sísmicas se propagan con menor intensidad en terrenos duros y rocosos que en superficies compuestas por arcilla o arena. En las zonas costeras bajas, el principal desafío radica en que los suelos suelen ser blandos y presentan un nivel freático elevado, lo que incrementa el riesgo de que el terreno sufra un proceso de fluidificación durante una sacudida.

Cuando se edifica sobre un terreno firme, se emplean losas de cimentación o zapatas reforzadas que reciben el primer impacto telúrico, con el objetivo de contenerlo y transmitir el mínimo porcentaje de energía al resto de la edificación. Por el contrario, si el terreno es arenoso o registra saturación de agua, los métodos tradicionales resultan insuficientes; en estos escenarios, los ingenieros deben excavar de forma profunda mediante pilotajes hasta alcanzar los estratos rocosos del subsuelo para anclar firmemente la estructura.

Selección de materiales y volumetrías compactas

Los materiales idóneos para edificar en áreas con alta sismicidad son el hormigón armado, el metal y la madera estructural. Los expertos descartan el uso de muros de mampostería o fábricas de ladrillo tradicional sin refuerzo, debido a que carecen de la ductilidad necesaria para deformarse, lo que provoca fracturas inmediatas y colapsos repentinos. El hormigón armado destaca por su alta capacidad de carga, y al combinarse con una armadura metálica interna, adquiere la elasticidad requerida para balancearse sin quebrarse.

Asimismo, la geometría del edificio condiciona directamente su respuesta ante las fuerzas de la naturaleza. Los diseños compactos, basados en formas geométricas sencillas y simétricas, muestran un comportamiento significativamente superior en comparación con aquellos bloques que incorporan cambios bruscos de altura, plantas irregulares o asimetrías de carga. Del Río alertó sobre una práctica constructiva común que debe evitarse en zonas de riesgo: la creación de plantas bajas totalmente diáfanas destinadas a estacionamientos o centros comerciales, una debilidad arquitectónica conocida como «planta blanda» donde suele concentrarse la mayor tasa de fallas y derrumbes.

Costos de ejecución y la urgencia de revisiones técnicas

Aunque construir bajo normativas sismorresistentes incrementa el presupuesto de una obra nueva en comparación con una zona sin riesgos, la diferencia económica no es prohibitiva si se implementan diseños cuadrados y compactos desde la fase de planos. La problemática financiera real surge cuando se intentan realizar obras de refuerzo estructural en edificios preexistentes, cuyos costos pueden superar el valor de la propia edificación. En regiones expuestas, las normativas internacionales imponen restricciones específicas, tales como limitar el tamaño de los huecos en las fachadas y reforzar los dinteles.

Finalmente, la arquitecta advirtió que en la actual fase de remoción de escombros y búsqueda de supervivientes, muchas estructuras que aparentan estar en buen estado podrían colapsar ante cualquier réplica o fatiga de materiales. El proceso de post-desastre exige una inspección técnica unifamiliar de los inmuebles para detectar fallas invisibles, fisuras en columnas de carga o riesgos asociados a escapes de gas y explosiones secundarias. Ante este desafío logístico y económico para los planes de reconstrucción, un contingente de arquitectos españoles ya ha formalizado ofertas de voluntariado para prestar asesoría técnica en el territorio afectado.

¡Síguenos en nuestras redes sociales y descargar la app!

Facebook X Instagram WhatsApp Telegram Google Play Store