Los Ángeles, Estados Unidos. El mundo entero se convirtió en el escenario de los Latin Grammy con una gala que, al no poder reunir a los artistas por la pandemia, visitó ciudades de todo el planeta para celebrar el éxito de la música latina, aunque sin premiar a su género superventas: el reguetón.

Madrid, Buenos Aires, Río de Janeiro (Brasil), Guadalajara (México) y San Juan fueron, junto con Miami (EE.UU.), sede de una fiesta que hizo de las circunstancias una oportunidad: conectar a todos los rincones de la cultura latina para festejar en un año especialmente complejo para todos.

Bajo el lema «La música nos humaniza», la Academia Latina de la Grabación demostró la riqueza de sus sonidos en la 21 edición de los premios: Actuaron desde iconos clásicos como José Luis Perales y Alejandro Fernández hasta talentos de vanguardia como Nathy Peluso.

También hubo espacio para el reguetón. Parecía el año en el que el género que arrasa en todo el mundo estaba llamado a triunfar en los prestigiosos galardones pero, a pesar de copar las nominaciones, finalmente pasó sin pena ni gloria a la hora de recoger premios.

Ninguna de las tres categorías estrella: Álbum del año, Canción del Año y Grabación del Año fueron para los «reguetoneros».

Sin embargo, los sonidos urbanos sonaron y mucho en la ceremonia: Karol G, J Balvin, Bad Bunny y Anuel AA pusieron a bailar al público reunido, esta vez, en sus casas.

Después de las protestas por la falta de artistas urbanos en los anteriores Latin Grammy, los principales exponentes del género se reconciliaron con la gran fiesta de la música latina, que incluso estrenó una serie de galardones pensados para esta importante parte de la industria musical.

«OLVIDARSE DE LOS RÉCORDS Y LAS REDES SOCIALES, EL ARTE NO ES COMPETICIÓN»

El puertorriqueño Residente definió a la perfección el espíritu de los premios tras llevarse el título de la canción del año por «René»: Un tema de más de 7 minutos en el que habla de su salud mental, política y de negocios.

«El arte no se hizo para establecer récords, no estamos en las olimpiadas», dijo el músico en su discurso de agradecimiento en el que pidió olvidarse de la obsesión por las redes sociales.

Residente reivindicó la diferencia entre ser un «negociante» y un «artista» tras asegurar que «veía talento pero también miedo a no sonar en la radio» y pidió a sus compañeros que se olvidaran de los algoritmos de internet, de las listas y de todos los números que mueven a la industria musical.

Fue probablemente el único discurso memorable de la noche. El resto se limitó a agradecer su premio y pedir fuerza para afrontar una crisis sanitaria que ha apagado por completo la música en directo.

LOS LATIN GRAMMY DAN SUS GRANDES PREMIOS A VERSIONES DE CLÁSICOS

Los otros dos grandes premiados de la noche, Alejandro Sanz y Natalia Lafourcade, no pudieron agradecer sus galardones. Quizás ni se los esperaban.

El madrileño se hizo con la grabación del año por «Contigo», un tema del disco «Tributo a Sabina. Ni tan joven ni tan viejo», que es un himno de Joaquín Sabina y que Sanz versionó como homenaje a su compatriota.

Algo parecido pasó con el premio al álbum del año: «Un canto por México, Vol. 1» de Natalia Lafourcade recibió el gran galardón.

El triunfo de Lafourcade fue un reconocimiento a un trabajo que enaltece las raíces mexicanas y que consta de versiones de temas populares como «Cucurrucucú paloma» o «Veracruz» y otras de su propia autoría como «Hasta la raíz». El disco nació de un concierto solidario tras una serie de terremotos en México.

GESTOS A LA PANDEMIA DESDE TODO EL MUNDO

En la parte central de la gala, Pitbull cantó junto a personal de equipos de emergencia, con quienes hizo un homenaje por todo lo grande a los implicados en la lucha contra el coronavirus.

«Yo no puedo imaginar un mundo sin música y sin ellos de verdad que no hay música», dijo Pitbull.

Antes, J Balvin se presentó con un número que combinaba su canción «Rojo» con imágenes de todos los acontecimientos que han marcado el año: la pandemia del coronavirus, las protestas raciales y los desastres naturales.

«Mi corazón se rompe y rezo por el mundo», aseguró antes de arrancarse a cantar.

Y el mundo cantó y rezó con él: José Luis Perales, desde el Palacio Real de Madrid, Anitta desde el Acueducto Carioca de Río de Janeiro y Los Tigres del Norte desde Miami con un canto por los inmigrantes. Era la gran fiesta latina. La celebración de la diversidad.

EFE noticias