Los sindicatos de empleados públicos de Venezuela, constituidos por al menos 200 organizaciones, rompieron los piquetes de la Policía Nacional Bolivariana, a la altura de las avenidas Bolívar y Universidad, a la altura del Liceo Andrés Bello de Caracas,para avanzar hacia Miraflores y exigir, a viva voz, un aumento salarial justo en medio de la feroz crisis económica que deterioró gravemente el poder adquisitivo de los trabajadores.

José Patines, secretario general del Sindicato de la Cancillería y miembro de la Coalición Sindical Nacional, reafirmó en el marco de la manifestación: “Salir a las calles a protestar es un derecho, exigir salarios es un derecho”, declaró y reafirmó que la movilización tiene un carácter exclusivamente laboral y no político.

Durante la marcha, en declaraciones a varios medios de comunicación, los trabajadores criticaron la promesa de Delcy Rodríguez de aumentar el salario mínimo el primero de mayo, y se quejaron de que no revelara el monto del incremento ni una fecha concreta de instrumentación efectiva.

“El salario no tiene color político. Exigimos respuestas a los hermanos Rodríguez, reclamó Patines tras las escaramuzas registradas antes de llegar a la Plaza El Venezolano, y donde se reportó que la periodista de VPI, Irene Sola, resultó agredida por los funcionarios.

Colectivos infiltrados

Enderson Sequera, en la red social X, aseguró que según la denuncia de decenas de trabajadores, colectivos sociales afectos al régimen, se infiltraron en la manifestación y le lanzaron objetos a la PNB para justificar la represión. Extraoficialmente se maneja que tres manifestantes fueron detenidos.

Según datos de la organización no gubernamental PROVEA, el salario mínimo en Venezuela se mantiene en niveles irrisorios —equivalente a menos de un dólar mensual—, lo que lo convierte en uno de los más bajos del mundo y resulta insuficiente para cubrir la canasta básica.

En marzo pasado se cumplieron cuatro años sin que el salario mínimo registrara ningún aumento, un período durante el cual la inflación ha erosionado drásticamente su valor real. Históricamente, Miraflores ha sido custodiado con fuertes medidas de seguridad para evitar concentraciones en sus inmediaciones desde la crisis política de 2002, cuando se produjo un golpe de Estado efímero en contra de Hugo Chávez.

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