“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador, y le vinieron a decir que estaba malgastando sus bienes. Lo mandó llamar y le dijo: «¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no continuarás en ese cargo.» El administrador se dijo: «¿Qué voy a hacer ahora que mi patrón me despide de mi empleo? Para trabajar la tierra no tengo fuerzas, y pedir limosna me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me quiten el cargo, tenga gente que me reciba en su casa.» Llamó uno por uno a los que tenían deudas con su patrón, y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi patrón?» Le contestó: «Cien barriles de aceite.» Le dijo el administrador: «Toma tu recibo, siéntate y escribe en seguida cincuenta.» Después dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto le debes?» Contestó: «Cuatrocientos quintales de trigo.» Entonces le dijo: «Toma tu recibo y escribe trescientos.» El patrón admiró la manera tan inteligente de actuar de ese administrador que lo estafaba. Pues es cierto que los ciudadanos de este mundo sacan más provecho de sus relaciones sociales que los hijos de la luz”.

 

Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana. Venezuela

 

La Iglesia Universal celebra hoy la fiesta entre otros santos en honor a San Carlos Borromeo. Nació en Arjona, Italia, en el año 1538, y murió en Milán, Italia, en el año 1584. Es uno de los hombres que más colaboró en la aplicación de las normas y reformas del Concilio de Trento. Tras conseguir el doctorado en ambos derechos fue nombrado arzobispo de Milán y más tarde es investido como Cardenal. Se tomó muy en serio aquella frase de JESÚS: «Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará».

Y la liturgia del día nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Lucas, capítulo 16, del verso 1 al verso 8. En el que se narra la parábola del administrador astuto, que sirve para que JESÚS haga un deslinde entre el apego al dinero y su relación con el Reino de DIOS. La parábola está dirigida a los discípulos de las primeras comunidades cristianas, que probablemente derrochaban dinero o tal vez lo atesoraban de manera egoísta y por eso el Maestro les llama la atención a través de esta parábola, y que es válida para los discípulos de todos los tiempos.

El texto finaliza con tres reflexiones o sentencias en torno a la relación con el dinero. La primera es una invitación a ganarse amigos con el dinero, probablemente al perdonar las deudas de los más pobres, de tal manera que sean ellos los que lo acojan en el Reino de DIOS. La segunda es una invitación a la honestidad y a la fidelidad en la administración de los bienes comunitarios. La tercera muestra que la dinámica de la Acción de DIOS, no es la acción del dinero, porque no hay codicia, ni explotación, sino Compartir Fraterno.

Al confrontarnos con el texto, vemos cómo el Evangelio según San Lucas nos recuerda constantemente que es en los pobres donde se Revela el Reino de DIOS. Y que son los pobres, los hambrientos, los sedientos, los enfermos, en fin, los excluidos de un sistema de privilegios ligados al dinero y al poder, los favoritos de la Acción Redentora de DIOS.  Por eso es que, JESÚS nos pide que pongamos nuestros pocos o muchos bienes, al servicio de los demás, sin vacilar. Ya que, no somos propietarios, sino mayordomos de nuestros bienes, y los debemos administrar para el bien de todos.

Es bien claro que el Evangelio de hoy nos invita a pensar en lo que hacemos con nuestro dinero, que en la circunstancia que vivimos los venezolanos no alcanza para nada, y por eso es que la mayoría de nosotros hemos desarrollado unos hábitos poco éticos en la consecución del mismo y en su posterior administración. De allí lo apropiado de la advertencia que nos hace JESÚS, de que, el dinero no es el bien verdadero, el que nos hace justos, tal como DIOS nos quiere, paradoja bien difícil de dilucidar porque no se puede acumular el dinero desmesuradamente sin faltar a la confianza de DIOS y hacer daño al prójimo.

Por eso es que hoy es el día para preguntarnos: ¿al servicio de quién ponemos nuestro esfuerzo y nuestros bienes? ¿En la búsqueda de nuestro sustento, lo hacemos a costa de pasar por encima de la necesidad de nuestros semejantes, pensando solo en nuestro peculio y en nuestra sobrevivencia? ¿Estamos claro que la conversión personal debe de iniciarse por nuestra manera de proceder hacia nuestros semejantes?

Señor JESÚS, danos la sabiduría necesaria para poder administrar con acierto lo poco o lo mucho que tengamos, compartiéndolo con nuestros semejantes, y de esta manera podamos dar cumplimiento a Tu mandato de “Amarnos los unos a los otros”.

Amén