
Aquella noche en el diamante no fue una más en el calendario. Hay batazos que se van por la cerca y apenas mueven el marcador, pero hay otros que suenan distinto desde el impacto de la madera, retumban en el pecho y viajan directo a las páginas doradas del béisbol.
Eso fue exactamente lo que firmó Eugenio Suárez el martes 22 de septiembre de 2026: una pincelada de historia pura con el sello inconfundible del béisbol venezolano.
Llegó el turno al bate con la tensión clásica de la recta final de la temporada regular, cuando cada pitcheo pesa una tonelada y los cupos a octubre se juegan a diente apretado.
Suárez cuadró su postura en la caja, ajustó el casco, miró fijamente al lanzador rival y esperó su momento. Al primer descuido en la zona de poder, «Bolibomba» desató ese swing amplio, fluido y majestuoso que la afición conoce de memoria.
Gesta jonronera
El choque retumbó en todo el estadio. La pelota agarró vuelo en una parábola perfecta que parecía no querer bajar nunca, silenciando al parque mientras los jardineros solo podían ser espectadores de lujo. ¡Jonrón número 25 del año y el 350 de por vida en las Mayores! Suárez recorrió el diamante a paso firme, dibujando en el aire su tradicional gesto de good vibes only (solo buenas vibras), festejando no solo una carrera más para el tablero, sino su consagración definitiva en la élite histórica.
Con ese estacazo fuera del parque, Eugenio no solo redondeó una cifra redonda y monumental; cruzó la frontera de los inmortales entre sus paisanos. Al llegar a los 350 cuadrangulares, 1.500 imparables y 1.000 carreras impulsadas, inscribió su nombre al lado de las dos montañas más altas que ha producido la pelota venezolana: Miguel Cabrera y Andrés «El Gato» Galarraga.
Estar en la misma frase que «Miggy» y «El Big Cat» no es cuestión de suerte ni de un buen año; es el premio a más de una década de constancia, batazos oportunos y una sonrisa implacable ante la adversidad. De San Pablito para el mundo, Eugenio Suárez volvió a demostrar que en las Grandes Ligas el poder venezolano se escribe con letras de molde y swing de leyenda. ¡Que continúen volando las pelotas para el de la eterna buena vibra!
Luis Arráez afianza su liderato de bateo
Por su parte, «La Regadera» tuvo otro juego multihit en la victoria de los Filis de Filadelfia 6-4 sobre los Cerveceros de Milwaukee: se fue con 2 imparables. Arráez llegó a 57 juegos multihits en el año (líder en la Liga Nacional). Elevó su promedio de bateo a .314, manteniéndose firme en la cima por la corona de bateo del circuito nacional.
Batalla por los cupos a postemporada
A pocos días del cierre de la ronda regular, un numeroso grupo de criollos estuvo en acción en una jornada donde varios equipos definieron o apretaron sus posiciones de cara a los playoffs:
José Altuve: Mantuvo la chispa ofensiva en la parte alta de la alineación de los Astros de Houston en su triunfo ante Seattle. Gleyber Torres: Vio acción como titular en el choque de los Yankees de Nueva York frente a Tampa Bay.
Wilyer Abreu y Andrés Giménez: Estuvieron presentes en el choque divisional donde los Guardianes de Cleveland se impusieron 3-2 a los Medias Rojas de Boston.
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