Cápsulas de paz

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.
Filipenses 2:12 RVR1960

https://bible.com/es/bible/149/php.2.12.RVR1960

En la cápsula anterior quedamos claro según la Palabra en Juan 10:27-28, que nuestra salvación está segura en las manos del Redentor.

En este día veremos que significa ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, según lo indicado por el apóstol Pablo a los Filipenses, en el pasaje de hoy.

Muchos han afirmado, posiblemente sin revisar el contexto del pasaje en referencia, que se refiere a que debemos cuidar nuestra salvación, porque tenemos el riesgo de perderla.

Si revisamos el contexto del pasaje de hoy, nos damos cuenta que Pablo en los versículos anteriores, desde el versículo 5 al 11 del capítulo 1 de la epístola a los Filipenses, les está pidiendo a los hermanos tener una actitud como la de Cristo Jesús.

Quien siendo por naturaleza Dios, no estimó eso como cosa a qué aferrarse, al contrario se rebajó a si mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.

Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo, siendo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por lo cual Dios lo exaltó a lo sumo, para que en su nombre se doble toda rodilla.

En virtud de todo el contexto del pasaje, Pablo le pide a los hermanos que se ocupen de una salvación tan grande otorgada por el Redentor.

El apóstol no está hablando de ningún riesgo de pérdida de la salvación, al contrario en virtud de que la salvación es un tesoro tan grande que poseen, les pide que con respeto y devoción a Dios, se dediquen a entender lo que significa ser salvado por Él.

Nuestro Redentor, el Dios hacedor de los cielos y la tierra, ocupó el lugar en la cruz, que te tocaba a ti y a mí, fue hecho maldición por nuestra causa, fue humillado, escupido, y vituperado por nosotros.

Debemos definitivamente vivir una vida santa, y presentar a Dios cada día nuestro cuerpo como sacrificio vivo, agradable a Dios. ¡Hemos sido comprados por precio de sangre; glorifiquemos, pues, a Dios con todo nuestro ser!

Pr. José N. Corrales
[email protected]
@pastorcorrales

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