

La tarde de este jueves 2 de julio marcó una actividad llena de compromiso católico de una feligresía que desbordó literalmente cada uno de los espacios que estuvieron disponibles en la iglesia pro-catedral Nuestra Señora de Fátima del Centro Cívico; tuvo matices muy conmovedores.
El centro de la celebración, conmemorar los 127 años de la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento del Altar, un año más de la fundación de Ciudad Guayana y, de manera especial, la oración colectiva para los fallecidos del doble terremoto que azotó el pasado 24 de junio, amplios sectores de La Guaira y Caracas y que, hasta el momento de redactar esta nota, había dejado más de 2600 fallecidos, según las cifras ofrecidas por los organismos nacionales.
Para citar a los feligreses, la batuta de invitación les correspondió al Obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana, Monseñor Carlos Cabezas, y el párroco Manuel Díaz, quienes marcaron pauta del encuentro que tuvo esta triple significación y que, tal y como se previó, arrancó en punto de las cinco de la tarde.
Celebración concurrida
Inicialmente, la intención fue que la concurrida feligresía recorriera los alrededores de la citada parroquia, pero la lluvia jugó en esta ocasión en contra, y los organizadores prefirieron evitar que el público asistente se mojara.
Es bueno destacar que la invitación para los feligreses sumó la petición de velas y banderas que capitalizaron la actividad, especialmente al cierre, como símbolo de luz y esperanza.
El párroco Manuel Díaz, en su intervención de apertura, recordó las importantes razones de celebración de este referido jueves 2 de julio, antes de que la ceremonia prevista se cumpliera.
Hay que recordar que, ante los difíciles momentos y la angustia generada por los recientes sismos del pasado 24 de junio en el país, la Iglesia activó una campaña de recolección de alimentos no perecederos para socorrer directamente a los damnificados.
Monseñor Cabezas guio la oración de la centrada misa por los eventos conmemorativos.
¿Qué es el Santísimo Sacramento de Altar…?
Para la Iglesia Católica, el Santísimo Sacramento (también llamado Jesús Sacramentado o la Sagrada Eucaristía) no es un símbolo, sino la presencia real, viva y verdadera de Jesucristo.
De acuerdo con la doctrina católica, durante la misa ocurre un milagro llamado transustanciación: el pan (la hostia) y el vino se convierten legítimamente en el cuerpo y la sangre de Cristo, manteniendo únicamente la apariencia exterior de pan y vino.
Cuando la hostia consagrada se expone en un objeto sagrado visible y radiante (llamado custodia o manifestador) para que los fieles oren frente a él, se le denomina Santísimo Sacramento expuesto.
El Santísimo Sacramento se trata de un hecho único para Venezuela, que posee una distinción bien singular, debido a que fue el primer país del mundo en consagrarse oficialmente a la Eucaristía.
Esta historia nació en un momento de profundas crisis políticas, guerras civiles y sufrimientos sociales a finales del siglo XIX. Para buscar consuelo espiritual para el pueblo, el sacerdote Juan Bautista Castro propuso al episcopado la idea de entregar la república entera a Jesús Eucaristía.
La propuesta se aprobó unánimemente y el 2 de julio de 1899 Monseñor Críspulo Uzcátegui leyó el decreto oficial.
En esa histórica oración, quedó plasmada una frase que selló nuestra identidad religiosa: «Levanta bien alto tu trono en nuestra República, a fin de que en ella te veas glorificado por singular manera y sea honra nuestra, de distinción inapreciable, el llamarnos la República del Santísimo Sacramento».
Por ello, cada 2 de julio, desde hace 127 años, los templos de todo el país recrean esa solemne unión.
Unión de la fe con la historia en Guayana
Para la feligresía guayanesa, hacerlo desde el Centro Cívico —el corazón histórico de Puerto Ordaz— unió de forma preciosa la fe espiritual con la historia civil de nuestra tierra.
Ya en su homilía, Monseñor Carlos Cabeza, quien encabezó el servicio religioso acompañado de varios párrocos de otras iglesias, hizo acto de presencia en el singular evento religioso.
«Me siento orgulloso de esta hermosa Iglesia», vertió entre sus frases, en la que dejó sentada una expresión que de algún afectado de los terremotos dijo, en la que echaba la culpa a Dios por estas situaciones, a lo que sentenció: «No es castigo de Dios» y que la acción que padeció nuestro país fue «un momento que tiene la naturaleza para tal evento».
Monseñor: la reconstrucción no es solo material
Cabezas aseveró que para el país, Venezuela, habrá que «reconstruir no solo lo material».
Citó números importantes de la contribución que ha entregado Ciudad Guayana para los afectados del doblete sísmico, y reseñó que 170 toneladas se habían logrado reunir, indicando que de ellas 70 ya habían sido trasladadas a los puntos afectados.
«Venezuela es un país de esperanza», detalló el Obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana.
La solemnidad cumplida transcurrió en medio de una feligresía inundada de fe y devoción católica, intención donde cabe destacar que sobresalió, además de la masiva presencia, la entrega de las respectivas ofrendas, con varios cestos de alimentos no perecederos que serán incorporados a los envíos ya hechos en otras ocasiones por la respectiva Diócesis de Ciudad Guayana.
Tras cumplirse la Misa como tal, se llamó a los presentes a exponer las banderas de Venezuela que llevaron a la cita, así como las velas que comenzaron a encenderse a partir de las que poseían monaguillos y diáconos presentes.
Entonces llegaron las banderas erigidas, los cánticos de alabanza y las velas que comenzaron a iluminar toda la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, que, como mencionó el propio Obispo Cabezas, «hay casa llena».
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