

En un escenario global caracterizado por la incertidumbre y las crecientes tensiones geopolíticas, los países de América Latina deben «priorizar» de forma absoluta el crecimiento económico para enfrentar en mejores condiciones los choques externos, los cuales son cada vez más frecuentes y casi continuos, según manifestó el secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), José Manuel Salazar-Xirinachs.
«Sean de izquierda o de derecha, lo importante es que los Gobiernos le den mucha prioridad al crecimiento económico», indicó el economista costarricense tras la publicación por parte del organismo de un informe detallado sobre los impactos en la región derivados de la guerra en Oriente Medio. Sin un crecimiento dinámico y robusto, apuntó el funcionario, las administraciones carecen de la recaudación fiscal necesaria para financiar redes de protección social efectivas o para amortiguar los impactos de las crisis recurrentes sobre las poblaciones más vulnerables.
La trampa del bajo crecimiento y las proyecciones condicionadas
De acuerdo con los diagnósticos de la Cepal, la región se encuentra sumida en una «trampa de baja capacidad para crecer». Muestra de ello es que el periodo 2014-2024 constituyó una «década perdida», en la que se registró un crecimiento regional promedio de apenas el 0,9 %. Tras una expansión del 2,4 % el año pasado, el organismo proyecta una moderación del crecimiento al 2,2 % para este año; no obstante, esta cifra podría revisarse a la baja en los próximos meses si Estados Unidos e Irán no logran un acuerdo diplomático que ponga fin a las hostilidades y al cierre del estrecho de Ormuz.
Para Salazar-Xirinachs, el escenario internacional actual deja dos lecciones contundentes: en primer lugar, que es imperativo tomar en cuenta más que nunca las dinámicas de la economía internacional; y en segundo lugar, que la región debe reactivar su crecimiento desde adentro, sin depender exclusivamente de que los mercados globales o las materias primas mejoren. El economista consideró muy improbable la aparición de un nuevo «boom de los commodities» similar al registrado en la década 2003-2013, cuando China crecía a tasas del 9 % o 10 %.
Bajo esta nueva realidad, el secretario ejecutivo enfatizó que no será posible estructurar políticas de desarrollo productivo sin comprender la geopolítica mundial. Esto exige no solo un cambio en las directrices de gobierno, sino en los esquemas de cooperación entre el Estado y el sector privado, el cual ahora se enfrentará a mayores barreras de diplomacia comercial y requerirá una comunicación más estrecha con sus respectivas autoridades políticas.
Efectos persistentes y distorsiones en los mercados de insumos
Aunque América Latina y el Caribe cuenta con una menor exposición directa al golfo Pérsico en comparación con Asia o Europa, y genera más del 64 % de su electricidad mediante fuentes renovables, las consecuencias del conflicto de Oriente Medio se resentirán a lo largo de todo el año. La Cepal advirtió en su informe que una eventual reducción de las hostilidades no se traducirá en una normalización inmediata de los mercados.
Si bien una parte del impacto financiero ya se trasladó a los mercados entre marzo y junio pasados, el encarecimiento de los fertilizantes —donde los países del Golfo concentran alrededor del 34 % de las exportaciones mundiales de urea y cerca del 20 % de otros componentes esenciales— puede tardar varios meses en verse reflejado por completo en las cosechas, el transporte logístico y los precios finales de los alimentos. «Hay algunos choques, como el de los precios del petróleo, que es muy rápido, pero hay otros, como el de los precios de los alimentos, que tiene un rezago», explicó Salazar-Xirinachs.
Un impacto heterogéneo entre ganadores y perdedores netos
El informe técnico resalta que el impacto de la crisis es profundamente heterogéneo. Aquellas naciones que exportan más petróleo y gas de lo que importan —tales como Guyana, Venezuela, Trinidad y Tobago, Colombia, Brasil y Ecuador— tienen la posibilidad de captar mayores ingresos externos y fiscales debido al alza energética. En el escenario base del estudio, con precios de la energía un 25 % superiores a los del año pasado, la balanza comercial agregada de América Latina y el Caribe registraría una leve mejoría de apenas el 0,05 % del PIB.
Sin embargo, ese promedio oculta severas disparidades debido a que la mayoría de las economías regionales son importadoras netas de energía y deberán pagar más por sus compras externas. «Los países que son importadores netos, todos los canales les afectan: el comercial, el fiscal, el de precios, el financiero y el de política monetaria», subrayó el economista.
En términos específicos, el bloque compuesto por Centroamérica, Haití y la República Dominicana registraría un deterioro conjunto equivalente al 0,9 % del PIB, mientras que en las economías caribeñas no exportadoras de hidrocarburos la pérdida estimada se situaría en los 0,5 puntos del PIB. Incluso en el subcontinente de América del Sur, donde el resultado neto del agregado resultaría positivo, naciones con matrices energéticas dependientes del exterior como Chile y Perú se verán obligadas a afrontar una factura de importación mucho más elevada.
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