

El uso recurrente de la frase «Viva Cristo Rey» y la marcada presencia de la religión en actos oficiales por parte del presidente Abelardo de la Espriella abrieron un intenso debate en Colombia sobre la vulneración de la neutralidad laica del Estado.
La controversia comenzó durante su investidura el pasado 7 de agosto, acto en el que intervinieron líderes católicos, evangélicos y judíos. Desde entonces, el lema religioso se convirtió en el cierre habitual de sus discursos y publicaciones oficiales. Según la analista Bibiana Ortega, de la Universidad Javeriana, esta estrategia responde a la «batalla cultural» promovida por el Ejecutivo para cohesionar a su electorado a través de valores conservadores.
El sello confesional del gobierno se refleja en hitos clave:
Gabinete y retiros: Nombramiento del pastor evangélico Jaime Andrés Beltrán en el Ministerio de Vivienda y la organización de un retiro espiritual previo a la toma de posesión, donde se entregaron biblias a los ministros.
Respaldo electoral: Consolidación del apoyo de sectores religiosos que ven en De la Espriella a un defensor de la familia tradicional, pese a sus posturas ateas manifestadas años atrás.
El cariz religioso del Gobierno ya tiene consecuencias legales. Un juez de primera instancia determinó que el mandatario vulneró el laicismo estatal durante su investidura y le ordenó ofrecer disculpas públicas en una alocución oficial. Aunque cumplió el mandato judicial, De la Espriella apeló el fallo y ha mantenido el uso de las consignas confesionales.
Paralelamente, la oposición ha endurecido sus críticas. Tras la difusión de un video donde el presidente camina entre los cuerpos de 23 supuestos disidentes de las FARC abatidos en Guaviare, líderes políticos como el senador Iván Cepeda cuestionaron la coherencia entre el discurso de valores cristianos propugnado por el mandatario y sus actuaciones en el ámbito de la seguridad pública.
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