
Calles inundadas de aguas residuales, tanquillas de empotramiento desbordadas, caminos de tierra intransitables y un peligroso tendido eléctrico que asemeja una tela de araña definen la realidad de la comunidad Rafael Urdaneta, en San Félix. Los habitantes de este sector padecen un severo colapso del sistema de aguas negras que mantiene los malos olores impregnados en el vecindario, una crisis sanitaria con la que han tenido que lidiar por casi 20 años.
El sector se encuentra oculto en un terreno que inicialmente pertenecía a la antigua empresa de recolección de desechos sólidos Servosur. Específicamente, está ubicado en la carrera 4, cruce con la avenida Antonio de Berrío, a un costado de la Estación de Servicio San Rafael y colindando con las Residencias Orinoco.
Desde que las familias se establecieron en el lugar, la comunidad ha denunciado una constante exclusión en el acceso a los servicios básicos; carecen de una red formal de aguas servidas, aceras, brocales y asfaltado. Aunque lograron instalar el agua por tuberías a duras penas, la electricidad llega de forma precaria e improvisada.
Una comunidad acorralada
Con apenas una vía de entrada y salida, la población vive prácticamente confinada. En el interior del sector, los callejones de tierra se distribuyen de forma desorganizada y comunican las viviendas de manera intrincada.
Arquímedes Ríos, miembro del consejo comunal y de la UBCH, relató que los fundadores llegaron al sitio en 2007. Tras organizarse como comunidad, comenzaron a levantar sus viviendas en parcelas asignadas, la mayoría motivados por la necesidad al provenir de condiciones de hacinamiento o alquileres insostenibles.
Ríos advirtió sobre el peligro latente del sistema eléctrico, la comunidad no cuenta con postes internos ni transformadores propios. Toda la energía se distribuye mediante cientos de cables conectados a solo dos postes principales periféricos, uno ubicado en la carrera 4 y otro frente al Centro de Educación Inicial San Félix, lo que genera un riesgo inminente de cortocircuito o accidentes graves.
El colapso de los colectores
La crisis de salubridad se agrava debido a que las tuberías de las viviendas están empotradas de forma improvisada en los colectores de aguas de lluvia. Cada vez que llueve, el sistema mixto colapsa y las aguas fecales se desbordan por completo en las calles, exponiendo a enfermedades de la piel y respiratorias a niños, mujeres y ancianos.
Uno de los puntos más críticos se localiza en la calle Gloria de Dios. Allí, las aguas negras corren libremente frente a las fachadas y entre los patios de las casas hasta estancarse en un sumidero pluvial. Además, los vecinos reportan que una vieja boca de visita, heredada de la antigua empresa de desechos, permanece desbordada las 24 horas del día debido a la obstrucción del colector principal.
Proyectos insuficientes y falta de respuestas
A pesar de que los residentes explicaron que el año pasado la comunidad aprobó dos proyectos locales para la construcción de la red de alcantarillado sanitario, los recursos financieros asignados devaluados solo alcanzaron para comprar las tuberías del ramal de empotramiento de las calles, quedando la obra paralizada e inconclusa por falta de presupuesto para los colectores secundarios.
Los afectados manifestaron que han agotado los canales regulares solicitando apoyo institucional en reiteradas oportunidades. Las cartas han sido dirigidas a la Alcaldía de Caroní, tanto en la gestión de Tito Oviedo como ante las nuevas autoridades municipales, así como a la hidrológica regional y nacional (Hidroven). Sin embargo, hasta la fecha no han recibido ninguna respuesta efectiva.
Ante la gravedad de la situación, los voceros y afectados reiteran su llamado urgente al alcalde del municipio Caroní, a las autoridades de la Gobernación del estado Bolívar y a la estatal Corpoelec para que ejecuten un plan de contingencia integral que devuelva la dignidad y la salud ambiental a estas 200 familias guayanesas.
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