

En el Centro Ítalo Venezolano de Guayana, los miércoles han dejado de ser un día cualquiera para convertirse en una jornada de transformación, aprendizaje y vida. Lo que comenzó como un plan piloto diseñado por la junta directiva y el Comité de Damas, hoy es la consolidada comunidad ‘Años Dorados’, programa integral dirigido a adultos mayores que combina la estimulación cognitiva, actividad física, expresión artística y el acompañamiento emocional.
A través de talleres de cerámica, artes plásticas y dinámicas de integración, decenas de socias y miembros familiares están redescubriendo sus capacidades, demostrando que nunca es tarde para emprender un nuevo reto.

Innovación en la cerámica: Romper paradigmas para crear en grande
Uno de los talleres más recientes ha sido el ‘Manos de Barro y Memoria’, dictado por el artista plástico, el profesor Euclides, quien cuenta con años de trayectoria en el área escultórica y se sumó a la iniciativa para enseñar bajo un enfoque atípico.
«Tratamos de crear una nueva forma de cómo el adulto mayor puede aprender más rápido a hacer cerámica; no la típica cerámica del rollito, de la tirita, no. En dos días hicieron todo esto personas que nunca habían tenido en sus manos una pelota de arcilla», indicó.
El artista explica que el proceso constó de tres etapas fundamentales: el modelado, el esmaltado o pintado y el horneado final. Para motivar a las participantes, trabajó con formatos de mayor escala.
«A veces, la debilidad que tienen este tipo de talleres es que hacen cosas pequeñas. Mientras más grande ellas hagan su trabajo, hay más emoción», añade, subrayando el entusiasmo del grupo por continuar con estas actividades.
De una idea a una comunidad consolidada
El respaldo institucional ha sido clave para el crecimiento de este proyecto. Nelly Fajardo, presidenta del Comité de Damas del Club Ítalo, recuerda cómo la iniciativa pasó de las carpetas directivas a la realidad.
«Este proyecto nace con todo el conjunto de proyectos que propuso la junta directiva actual. Hicimos varios programas para hacerlo realidad con el apoyo de la licenciada Viridiana. Le presentamos el programa completo a la junta directiva y fue aprobado», señaló Fajardo.
Lo que inició como una pequeña prueba piloto ha rendido frutos rápidamente.
«Poquito a poco hemos crecido como comunidad; ya no somos un proyecto, somos comunidad y tenemos como 40 integrantes con edades de 70 años en adelante. Al final, todo esto ha sido para honrar a nuestros socios y familiares de la juventud prolongada», dijo.
Por su parte, Elsy Calderón, integrante del equipo organizador, enfatiza cómo el programa fue moldeándose según las necesidades reales de los participantes, convirtiéndose en una vía de escape contra la soledad.
«Comenzamos de cero y fue naciendo de la necesidad que las mismas participantes fueron expresando. Ha abarcado desde actividades cognitivas y juegos de mesa hasta la celebración de los cumpleaños el último miércoles de cada mes. Gente que hace unos meses no se conocía o se pasaba por al lado en el club y ni se saludaba, hoy se llaman amigas», relata Calderón.
«Muchas señoras están solas en su casa por la situación del país, así que las trajimos para que cuenten con un espacio donde venir, distraerse, compartir y aprender. Esto es salud para ellas».
Salud mental, física y acompañamiento digital
Detrás de la estructura metodológica se encuentra la coordinadora del programa, la licenciada Viridiana Salazar, especialista en el área, quien detalla que la comunidad trabaja sobre cuatro pilares fundamentales centrados en la neuroplasticidad y el bienestar.
«La idea es abarcar cuatro puntos fundamentales de manera integral. Trabajamos la neuroplasticidad para que tengan la mente activa; la parte física con yoga-terapia y bailoterapia adaptada; la estimulación cognitiva con ejercicios mentales; y la sociabilización, que es superimportante a esta edad para evitar el aislamiento y la depresión», explica Salazar.
La red de apoyo trasciende el espacio físico del club y se mantiene activa de manera permanente.
«Tenemos un grupo de 67 señoras. Asisten entre 20 y 30 cada miércoles, pero a pesar de que no haya una actividad presencial, hay un acompañamiento digital a través de WhatsApp. Todos los días conversamos, les envío ejercicios y estamos al pendiente si a alguien le pasa algo», sostuvo la coordinadora.

Impacto en los adultos mayores
El verdadero impacto del programa se refleja en el testimonio de quienes asisten cada semana. Para Sol Guevara, ingeniera agrónoma y escritora de cuentos infantiles, el taller representa un refugio de desconexión y empoderamiento.
«Escogí esta actividad porque me relaja; los miércoles necesito desprenderme de lo que hago todos los días. Aquí consigo expresarme de otra manera. Es un calor sabroso porque comparto con otras personas. La edad no es una limitante y estamos preparadas para afrontar nuevos retos», destacó.
Para Eugenis Piñero, artista plástico que tenía años sin ejercer su profesión tras haber vivido en Caracas y Portugal, reencontrarse con el arte ha sido terapéutico.
«Tenía muchos años sin ejercer porque me dediqué al hogar. Esto ha sido una experiencia maravillosa, me siento muy contenta. Siento que estoy haciendo terapia y que estoy haciendo algo valioso», expresó.

El descubrimiento de nuevas habilidades a edades avanzadas es otro de los pilares que celebra Ligia Boada, de 65 años:
«Aquí he aprendido lo que quería aprender. Primero fue la kokedama —en mi vida había sembrado una mata así y ya he hecho 15—, luego pintar sobre tela y ahora trabajar la arcilla. Yo no era muy hábil con las manualidades, pero en este comité he aflorado lo que creía que no podía hacer».
Una emoción similar comparte Nail Pérez, de 68 años, quien resume el sentir general del grupo:
«Esta experiencia ha sido para mí lo máximo. Yo espero con ansias el día miércoles para venir a hacer mis manualidades. Nunca había tenido la oportunidad de sembrar una planta o pintar; todo ha sido maravilloso».

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