Ante la reciente escalada bélica en Medio Oriente, la Asociación Venezolana de Industrias Plásticas (Avipla) encendió las alarmas esta semana sobre un inminente quiebre en la cadena de producción nacional.
La inestabilidad global ha puesto en riesgo directo el suministro de resinas importadas, amenazando con asfixiar la operatividad de los transformadores venezolanos si no se toman medidas urgentes.
Esta crisis se gesta en las aguas del Estrecho de Ormuz, donde la tensión bélica actual ha reconfigurado las rutas de transporte marítimo a nivel global y disparado de forma inmediata los precios del petróleo y el gas natural.
En Venezuela, la situación se traduce en un alza abrupta de fletes y costos logísticos que golpea a un sector altamente dependiente de materias primas foráneas. Para mitigar este choque externo, la directiva de Avipla ha recomendado a sus empresas agremiadas ejecutar de inmediato una evaluación exhaustiva de sus inventarios de seguridad, como mecanismo clave para garantizar la continuidad operativa de las fábricas.
Un dato clave que proyecta la magnitud de esta crisis es el comportamiento histórico de la industria: tras un evento geopolítico de esta escala, los mercados de polímeros tardan entre 45 y 60 días en estabilizarse, y esto solo ocurre una vez que cesa la fase crítica del conflicto. En consecuencia, la fuerte presión sobre los costos de los productos plásticos es inevitable en el corto y mediano plazo.
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