Hay momentos en que la realidad nos sacude con tanta fuerza que las planificaciones pedagógicas y los objetivos académicos deben pasar a un segundo plano. Hoy, Venezuela atraviesa días profundamente complejos, marcados por el duelo, la incertidumbre y una suspensión abrupta de las actividades escolares que nos deja a todos, docentes, familias y estudiante, con el corazón arrugado y la mente llena de preguntas. En momentos como este, la escuela se muda al territorio de la contención emocional. Nuestro rol principal hoy es ser un puerto seguro en medio de la tormenta.

¿Qué podemos hacer los docentes mientras las aulas están cerradas?

Aunque no estemos en las aulas, nuestra presencia activa y serena es un bálsamo para las familias. Durante estos días de resguardo, podemos accionar desde lo esencial:

  • Mantener puentes mínimos de comunicación: Si las condiciones de conectividad lo permiten, un mensaje corto, una nota de voz o un texto en el grupo de comunicación con las familias es vital. Para preguntar: «¿Cómo están?, ¿cómo se sienten hoy?». Saber que su maestro está allí reduce significativamente los niveles de ansiedad en los niños.
  • Validar y normalizar las emociones: Los niños y adolescentes perciben el entorno de manera muy aguda. Es normal que muestren miedo, irritabilidad, silencio o confusión. Envía orientaciones sencillas a los representantes: recuérdales que está bien no tener todas las respuestas, que es sano llorar si hay dolor y que la prioridad absoluta en casa hoy es proteger la salud mental de los más vulnerables.
  • Cuidar de nosotros mismos primero: No podemos dar de un vaso vacío. Como educadores, también somos ciudadanos que sentimos, sufrimos y nos preocupamos. Busca tus propios espacios de desahogo, limita la sobreexposición a noticias y recuerda que tu primera responsabilidad afectiva es contigo mismo y con tu propia familia.

Día después: Orientaciones para el regreso a las aulas

Cuando se anuncie el retorno a los planteles, el escenario que encontraremos no será el mismo que dejamos. Llegaremos con cargas emocionales distintas. Por ello, el regreso no puede ser administrativo ni totalmente académico; debe ser un proceso de reencuentro humano. Aquí algunas ideas fundamentales para esos primeros días, sea para despedir este año o para dar la bienvenida al siguiente, el retorno puede guiarse por estas acciones:

  • La primera semana es de transición afectiva: El primer día de clases no puede empezar con evaluaciones ni tareas. Necesitamos flexibilizar los procesos. Dedica las primeras jornadas a mirarse a los ojos, a reconstruir la rutina paulatinamente y a permitir que el cuerpo y la mente se habitúen nuevamente al espacio escolar.
  • Crear espacios de escucha: El aula debe ser un territorio neutral y protector. Diseña dinámicas sencillas (dibujo, escritura creativa, debates) para que los estudiantes expresen cómo vivieron estos días. Escucha con respeto, valida sus miedos y evita emitir juicios o debates que puedan polarizar o generar tensiones en un grupo que lo que necesita es cohesión.
  • El juego y el arte como herramientas de sanación: Para los más pequeños, el juego libre y las actividades artísticas son los mejores canales para procesar tensiones acumuladas. Para los adolescentes, la música, la escritura o el simple hecho de conversar en círculos les devolverá la sensación de control sobre sus vidas.

Innovación educativa mide la capacidad de la pedagogía

En contextos de crisis, la innovación educativa se mide por nuestra capacidad de ejercer la pedagogía de la ternura, del cuidado y del amor. Hoy nos toca sostener desde la distancia, con la certeza de que las aulas volverán a llenarse de risas, preguntas y futuro. Fuerza, colegas. Nuestra presencia es el hilo que mantiene unida la esperanza de nuestras comunidades.

Finalmente, en medio de la oscuridad, también es de nobles reconocer la luz. Queremos honrar y agradecer profundamente cada gesto de solidaridad, cada mano extendida y cada palabra de aliento que hemos brindado como nación entre nosotros mismos, donde el vecino apoya al vecino y el colega sostiene al colega, así como los valiosos apoyos y abrazos fraternos que hemos recibido desde fuera de nuestras fronteras.

Saber que no estamos solos, que el dolor de Venezuela resuena en el mundo y que la comunidad internacional nos acompaña con su mirada y su respaldo, nos devuelve la fe en lo humano. Esa solidaridad compartida, que no conoce distancias, es lo que mantiene encendida la esperanza de que pronto volveremos a encontrarnos en las aulas para seguir construyendo el país que merecemos.

¡Síguenos en nuestras redes sociales y descargar la app!

Facebook X Instagram WhatsApp Telegram Google Play Store