

La crisis climática de la que advirtió durante décadas la ciencia ya está aquí con olas de calor inusitadas, grandes incendios y desastres que desafían la capacidad de los Estados, mientras que los gobiernos llegan a la cumbre del clima de la ONU (COP31) en Turquía sin los deberes hechos.
«Ya vivimos en un régimen climático peligrosamente alterado, sobre todo por la quema de combustibles fósiles», afirma Rachel Cleetus, directora del programa sobre clima de la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados), una organización fundada en 1969 en Cambridge.
«Acabamos de vivir el verano más cálido jamás registrado y el próximo año se batirán nuevos récords de calor por la combinación de un episodio de El Niño de gran intensidad y el cambio climático causado por los combustibles fósiles», sostiene Cleetus.
Inicio de la COP31
La COP31, que comienza el 9 de noviembre en Antalya, en la costa mediterránea turca, deberá abordar el desfase entre una crisis climática cada vez más evidente y una respuesta internacional que avanza, pero no al ritmo necesario.
A diferencia de otras cumbres climáticas, la de este año no apunta a un gran anuncio, sino que tendrá como objetivo llevar a la práctica asuntos ya pactados, o sea, pasar de las promesas a la acción es uno de los lemas de la COP31, que lideran por primera vez dos países: Turquía y Australia.
Cleetus reclama que los Estados, en especial los ricos, hagan «todo lo posible por reducir las emisiones», además de financiar a quienes están en primera línea de la crisis climática.
«Debemos invertir mucho más en prevención y resiliencia, no limitarnos a reaccionar tras los desastres», insiste la experta, quien recuerda que los fenómenos climáticos extremos castigan más a los países pobres, que son los que menos han contribuido al problema.
Condenados a superar el límite de 1,5 grados
«El mundo no puede evitar superar el límite de los 1,5 grados y las consecuencias son ya devastadoras», dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, sobre el reciente informe con ese escenario del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
El reto ahora es contener el calentamiento y lograr que la temperatura vuelva a situarse por debajo de ese umbral lo antes posible.
Aunque las emisiones mundiales apenas variaron en 2025 respecto a 2024, siguen siendo demasiado altas: con la tendencia actual, el planeta se encamina hacia un calentamiento incluso de 2,8 grados a finales de siglo.
El PNUMA plantea limitar el calentamiento a un máximo de 1,8 grados y volver a 1,5 grados o menos en 2100, pero eso exige recortar las emisiones un 45 % de aquí a 2035 respecto a 2025 y retirar además CO2 de la atmósfera.
Pero los compromisos nacionales actuales apenas permitirían reducir las emisiones entre un 11 % y 15 % entre 2025 y 2035.
Cierre de brechas
En Antalya, los gobiernos deberán abordar cómo cerrar esa brecha con medidas para acelerar la electrificación y movilizar el dinero que permita a los países en desarrollo aplicar sus planes climáticos.
Cleetus considera «desolador e indignante» que décadas de inacción lleven al mundo a superar los 1,5 grados, una «enorme injusticia climática».
Con todo, la experta recuerda que sigue estando en nuestras manos «cuánto y durante cuánto tiempo superamos los 1,5 grados y cómo preparar y proteger mejor a la población».
La insuficiente respuesta al calentamiento tiene un coste en vidas, como advierte el reciente informe ‘Lancet Countdown 2026’, que analiza sus efectos sobre la salud.
Ese estudio internacional elaborado con la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el calor estuvo vinculado a unas 710.000 muertes en 2023, más del 70 % de ellas debido al calentamiento causado por la actividad humana.
Las renovables marcan el camino
El avance de las energías renovables ofrece un contrapunto optimista, pues desde el histórico Acuerdo de París de 2015 su capacidad de generación eléctrica ha crecido tres veces más rápido de lo previsto entonces y el despliegue solar fotovoltaico incluso siete veces, según el PNUMA.
La presidencia turca de la COP31 quiere aprovechar ese impulso para elevar la proporción de electricidad en el consumo mundial de energía desde algo más del 20 % actual hasta el 35 % en 2035, una de las grandes iniciativas de la cumbre de Antalya bajo el lema ’35 para el 35′.
Con Estados Unidos ausente de la cumbre y una Unión Europea menos ambiciosa, Cleetus destaca el papel de China, cuya capacidad para fabricar y exportar tecnologías limpias, junto con el ritmo al que reduzca el uso del carbón, será clave para la transición energética mundial.
Según cálculos del medio climático ‘Carbon Brief’, las tecnologías limpias que China exporte en 2026, como paneles solares y vehículos eléctricos, podrían evitar unos 450 millones de toneladas de CO2 al año, un nivel similar a las emisiones anuales por combustibles fósiles de Brasil, la mayor economía de América Latina.
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