La separación familiar provocada por la migración masiva, sumada a un persistente sentimiento de soledad y la falta de acompañamiento emocional por parte de los adultos, se consolidan como los factores determinantes en el deterioro del bienestar de los niños venezolanos, según reveló la segunda edición del estudio Bienestar Infantil en Contextos Locales, presentado por el Centro de Estudios Regionales (CER) de la UCAB Guayana y la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello.

El informe, que analizó una muestra cualitativa de 90 niños de entre 8 y 12 años en el Distrito Capital y el estado Bolívar a finales de 2025, advierte que las carencias afectivas y la vulnerabilidad psicosocial atraviesan todos los estratos socioeconómicos, afectando tanto a menores en situación de pobreza crítica como a aquellos de sectores con mayores recursos económicos.

Impacto de la migración y las brechas territoriales

Las secuelas del fenómeno migratorio se manifiestan de manera diferenciada según la ubicación geográfica. Mientras que en Caracas las principales angustias infantiles se vinculan al acoso escolar, la violencia y el hacinamiento, en la región Guayana el quiebre del núcleo familiar destaca como la problemática central.

«La ausencia de madres, padres o hermanos puede generar duelo migratorio y síntomas depresivos en los niños. Algunos testimonios reflejan la separación de hermanos cuando uno de ellos emigra con su madre, mientras otros permanecen en Venezuela», puntualizó Janet Guerra, profesora e investigadora de la UCAB.

Guerra detalló además que el 28 % de los niños abordados vive en condiciones de alta vulnerabilidad, cifra que escala al 42 % de pobreza multidimensional crítica en el caso de Guayana, donde las fallas de servicios básicos como agua y electricidad limitan el funcionamiento escolar e imponen responsabilidades tempranas a los menores.

Soledad: crisis transversal de atención

Uno de los hallazgos más contundentes radica en la percepción infantil de no ser escuchados ni comprendidos por sus referentes adultos, una demanda que persiste independientemente del nivel socioeconómico de la familia.

«Los niños expresan una necesidad de ser escuchados, comprendidos y acompañados por los adultos de su entorno. A partir de sus relatos, identificaron que muchos no sienten que sus opiniones y emociones se tomen en cuenta, por lo que reclaman mayor atención de sus padres, familiares y maestros», destacó Marian Ojeda, investigadora del CER.

Ojeda subrayó que los recursos materiales no aseguran el equilibrio afectivo y que la presencia familiar en las narrativas se debilita a medida que desciende el estrato socioeconómico.

«El concepto de familia se vuelve menos frecuente en los relatos a medida que se pasa de los estratos altos a los medios y bajos. En estos últimos, los niños suelen referirse a personas específicas, como su madre, padre, hermano, tío o abuelo, en lugar de hablar de la familia como un conjunto», apuntó.

Asimismo, la investigadora alertó sobre la naturalización del trabajo a temprana edad en los hogares de menores recursos:

«Los niños hablan de estudiar y trabajar como parte de su vida cotidiana o de sus expectativas, mientras que las labores domésticas, como limpiar, fregar o ayudar a lavar la ropa, ocupan parte de su tiempo libre, especialmente en los hogares de menores recursos», cerró.

Refugios, desconfianza y expectativas de futuro

El estudio también profundizó en los espacios cotidianos de socialización y en la manera en que los menores proyectan su vida a futuro. Al analizar la relación con el hogar, 47 de los 90 participantes identificaron la casa como un lugar relevante; sin embargo, los relatos no siempre la describen como un entorno de convivencia agradable, sino como un refugio donde resguardarse del exterior, principalmente al aislarse dentro de sus propias habitaciones.

La experiencia en el ámbito escolar refleja un panorama igualmente complejo. La escuela apareció como un espacio prioritario para apenas 10 niños, registrándose una marcada ausencia de expresiones afectivas o de entusiasmo vinculadas al gusto por asistir a clases o estudiar.

A esta desafección se suma una constante preocupación por la aceptación entre pares, signada por la desconfianza y el temor generalizado al rechazo y al acoso escolar, una realidad que se repitió en todos los estratos socioeconómicos tanto en Caracas como en Ciudad Guayana.

Figura materna: la más mencionada

En lo relativo a las redes de apoyo y referentes afectivos, la figura de la madre fue la más mencionada, aunque solo 36 de los 90 niños la identificaron como alguien significativo en su vida cotidiana. Tras la madre, figuran el padre, los hermanos, los abuelos y las mascotas.

En contraste, la figura del docente resultó casi imperceptible en la vida emocional de los estudiantes, al figurar en solo una de las 90 representaciones analizadas.

Finalmente, la investigación evidenció una reducida construcción de proyectos de vida a largo plazo. Solo seis niños expresaron planes concretos orientados a cursar estudios universitarios o ejercer una profesión —entre las que destacaron Psicología, Derecho, Ingeniería, estilismo y emprendimiento—, mientras que la mayoría vinculó su felicidad futura a alcanzar la independencia, tener ingresos económicos o gozar de mayor libertad.

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