
La Plata, 50 años después del golpe que comenzó el terrorismo de Estado en Argentina, sigue siendo un territorio marcado por la memoria. La provincia de Buenos Aires, y en particular su capital, acaparó cerca del 40% de los crímenes de Estado perpetrados durante la dictadura militar que se inició el 24 de marzo de 1976. Desde entonces, los organismos de derechos humanos no han cesado en la búsqueda de justicia y verdad.
El 24 de noviembre de ese año, apenas ocho meses después del golpe, unos 200 efectivos del Ejército y la Policía atacaron, por tierra y aire, una vivienda de la calle 30 de La Plata. Allí se consumó una de las masacres más recordadas: cinco ejecuciones a sangre fría y el secuestro de una bebé, Clara Anahí Mariani Teruggi, hoy todavía desaparecida.
»En esta casa había una imprenta donde se editaba ‘Evita montonera’, una revista sobre la militancia y la represión que estaba ocurriendo. En ese ataque mueren Diana Teruggi y cuatro compañeros, y es secuestrada la niña de tres meses, que se ha probado que salió con vida envuelta en una cortina. La sacó uno de los militares», relata Elsa Pavón, presidenta de la Asociación Anahí.
Pavón, que sustituyó en la presidencia a Isabel Chorobik de Mariani, más conocida como Chicha Mariani –abuela de Clara Anahí–, repasa a EFE lo ocurrido en aquel hogar, que se convirtió en 1996 en museo de la memoria. La Casa Mariani-Teruggi, conocida también como la «casa de los conejos» por el negocio familiar de conejo en escabeche, quedó congelada en el tiempo: cientos de impactos de bala en las paredes y en el vehículo del garaje, el gran boquete abierto por un tanque que atravesó varias estancias, restos de la imprenta clandestina, jaulas de conejos y la bañera donde la recién nacida logró sobrevivir al tiroteo. Todo permanece intacto.
«El papá de Clara Anahí no estaba en ese momento; había ido a trabajar», continúa Pavón. Ocho meses después, el 1 de agosto de 1977, Daniel Enrique Mariani fue acribillado a balazos en una calle de La Plata junto a otros compañeros montoneros. El caso de esta familia simboliza el escarmiento ejercido por la dictadura: él tenía 29 años y Diana Teruggi, 25.

Represión en la universidad y las fábricas
La Plata y otras localidades bonaerenses siempre albergaron una nutrida comunidad universitaria y potentes polos industriales. «Los lugares de represión más importantes fueron las universidades y las fábricas. Por esa razón, la provincia concentra casi el 40% de las personas detenidas y desaparecidas o ejecutadas», expone a EFE Sandra Raggio, directora ejecutiva de la Comisión Provincial por la Memoria.
«Solo la Universidad Nacional de La Plata cuenta con más de 800 personas desaparecidas», añade. Lo que hoy es la Comisión por la Memoria fue, durante décadas, el Archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía Bonaerense (DIPBA), creado en 1956 tras el golpe al peronismo y articulado con la Doctrina de la Seguridad Nacional a nivel continental, que luego se profundizó en el marco del Plan Cóndor.

El primer archivo de represión desclasificado en América Latina
«Es el primer archivo de la represión desclasificado en América Latina», subraya Raggio durante una visita guiada. El lugar conserva miles de fichas donde se espiaba a organizaciones políticas, sindicatos, universidades, escuelas, centros culturales, embajadas, iglesias y periódicos, como parte de un dispositivo de inteligencia inserto en la Guerra Fría y en la persecución de «enemigos internos».
Los documentos guardados han permitido profundizar en la investigación de crímenes de lesa humanidad, reconstruir jerarquías y estructuras del aparato represivo, identificar enterramientos clandestinos y determinar la identidad de personas enterradas como «NN». «Hay documentos vinculados directamente con el Plan Cóndor, una operación de coordinación entre las agencias represivas del Cono Sur», precisa Raggio, quien recuerda que la DIPBA incluye fichas de extranjeros desde el golpe en Brasil en 1964, mucho antes de que el Plan Cóndor se formalizara en 1975.
Tras el golpe en Argentina, muchos brasileños exiliados llegaron a la provincia, luego se desplazaron a Chile; toda esa circulación de militantes por el Cono Sur fue registrada por el archivo de inteligencia. «Hemos aportado documentación a las investigaciones sobre el Plan Cóndor, a las comisiones de la verdad y a juicios en distintos países», concluye la directora, destacando que La Plata no es solo depósito de documentos, sino también foco permanente de lucha por la justicia.
No es casual que la asociación Abuelas de la Plaza de Mayo naciera precisamente en esta ciudad bajo el liderazgo de Chicha Mariani, ni que una de las películas míticas sobre la dictadura, La noche de los lápices, se desarrollara en La Plata y retratara el secuestro y desaparición de estudiantes secundarios.
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