Las Fuerzas Conjuntas de Sudán, una alianza entre el Ejército y grupos armados, acusaron este martes a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) de matar a más de 2.000 civiles desarmados, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, durante la captura de la ciudad de Al Fasher ocurrida entre el domingo y el lunes.

Esta acusación fue difundida a través de un comunicado en su cuenta oficial de Facebook, calificando la masacre como «una escena impactante para toda la Humanidad».

Las FAR no se han pronunciado oficialmente y la cifra de fallecidos no ha sido confirmada por fuentes independientes. La organización Red de Médicos de Sudán también denunció que las muertes fueron por «motivos étnicos» durante la ofensiva que destruyó el último baluarte del Ejército en la región de Darfur.

La alianza exigió responsabilidades legales, señalando incluso a Emiratos Árabes Unidos por presunto patrocinio de las FAR,  acusaciones que dicho país niega. Calificaron las acciones como crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio, reclamando a la ONU, al Consejo de Seguridad y a organismos de derechos humanos que declaren terrorista a esta milicia y juzguen a los responsables internacionalmente.

El ataque involucró mercenarios de Colombia, Sudán del Sur y Chad, según el gobierno sudanés. El sitio prolongado ha causado una hambruna crítica y desplazamiento masivo, afectando a millones de personas desde abril de 2023 durante el conflicto que se ha cobrado decenas de miles de vidas y generado la peor crisis humanitaria en la región.

Las FAR tienen sus raíces en las milicias «Yanyauid», formadas por tribus nómadas árabes, utilizadas históricamente para reprimir insurgencias de grupos étnicos africanos en Darfur, zona marcada por genocidio y crímenes graves.

 

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