Archivo. EFE/DEREK FRENCH

La representante de Estados Unidos ante la ONU, Tammy Bruce, tildó este lunes de «muy negativo» el ataque ruso contra Ucrania con un misil hipersónico Oréshnik y cientos de drones, y exigió a Moscú pasar «de la palabra a la acción» para «acabar con esta pesadilla». El bombardeo del viernes dejó a Kiev sin calefacción y afectó infraestructuras energéticas, agravando el sufrimiento civil en temperaturas bajo cero.

En una sesión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, Bruce enfatizó que «Estados Unidos trabaja para lograr un fin negociado del conflicto» y que existen «momentos de gran potencial» gracias «al compromiso del presidente Donald Trump con la paz». Sin embargo, criticó que «las acciones de Rusia solo prolongan la guerra y aumentan el sufrimiento de los civiles».

Rusia lanzó el ataque masivo contra Kiev y, por primera vez, bombardeó Lviv (Leópolis) con el misil balístico de alcance intermedio Oréshnik —capaz de velocidades hipersónicas superiores a Mach 10—, en represalia por un supuesto ataque ucraniano a finales de 2025 contra una residencia del presidente Vladímir Putin, negado por Kiev. El alcalde de Lviv, Andriy Sadovyi, reportó que, según la Fuerza Aérea ucraniana, el misil viajaba a unos 13.000 km/h.

Rusia defiende «respuesta legítima»

El representante ruso, Vassily Nebenzia, rechazó las acusaciones: los ataques fueron «una respuesta a Kiev por atacar una residencia del presidente ruso» y «Rusia no ataca civiles». Apuntó que el objetivo fue una planta de mantenimiento de aviones y criticó la «ceguera típica de Naciones Unidas», que ignora «ataques terroristas ucranianos contra civiles rusos». Nebenzia insistió en que Rusia «nunca ha rechazado el diálogo» y dará «respuestas firmes» a agresiones.

El delegado ucraniano, Andrii Melnyk, calificó las acciones rusas de «actividades criminales sin fin», diseñadas para «congelar a millones» atacando la red energética en invierno. «Esta ola de terror refleja la determinación de Putin de abofetear a los mediadores estadounidenses», afirmó, agregando que «Rusia está perdiendo la guerra» y solicitando más sistemas antiaéreos a aliados.

Europa clama por alto el fuego

Países europeos endurecieron el tono. La danesa Christina Markus Lassen llamó los ataques «execrables», incluso contra médicos atendiendo víctimas, violando el derecho humanitario al dejar Kiev sin calefacción. Exigió un «alto el fuego incondicional» y presión internacional. El británico James Kariuki alertó que el misil cayó «a 50 km de la frontera polaca», tildándolo de «imprudente». Polonia, por Krzysztof Szczerski, denunció «desinformación rusa» en medio de diálogos mediados por EE.UU. y pidió sanciones.

China, vía Sun Lei, urgió abordar «preocupaciones de seguridad de ambas partes» contra una escalada, rechazando sanciones unilaterales y defendiendo la «coexistencia pacífica».

La subsecretaria general Rosemary DiCarlo alertó que este año ha intensificado «combates y ataques a gran escala contra civiles e infraestructuras críticas», dejando millones sin electricidad, calefacción ni agua. El debate subraya divisiones globales, con implicaciones para la estabilidad energética en Europa y Latinoamérica.

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