Vivimos en un mundo diseñado para usar los cinco sentidos: para oír, ver, oler, degustar y sentir. Pero, ¿cómo es vivir sin uno de estos sentidos? Imagínate ya no poder ver tu serie favorita, los rostros de tus seres queridos, oír la risa de tus hermanos, sentir el aroma de un platillo hecho con amor o gritar cuando las cosas te superan.
Para Eddy Oronoz, un joven de 23 años, esta no es una pregunta. La vida siempre se ha visto diferente, siempre ha sido así, siempre ha sido silenciosa.
«Todo comenzó en su infancia», relató Claudia Moreno, tutora de Eddy. Claudia es una mujer trigueña, adulta, de cabello rizado voluminoso y devota de la iglesia, quien conoce lengua de señas gracias a sus actividades religiosas.
Ella sabe, por relatos de su madre, cómo han vivido esta experiencia.
«Eddy no tenía ni 4 años, pero ya se veía diferente a ojos de su abuela, quien tenía ciertas dudas», dijo.
Un bebé, un niño, con un desarrollo saludable entre los 12 y 18 meses ya debería balbucear, asomar algunas palabras, pero, ¿por qué Eddy no lo hacía?, ¿por qué no habla, por qué no dice nada? ¿Por qué Eddy no responde a los llamados? «Eddy tiene algo» fue la conclusión.
Tras eso, su familia se abocó a llevarlo con especialistas de la audición. La visita con el audiólogo, que, a través de pruebas de sonidos en distintas frecuencias, determinó el nivel de sordera.
Eddy era demasiado joven para recordar esa experiencia; su tutora habló por él y por su madre Luz Naranjo, convirtiéndose en la voz del pasado y el presente.
«A Eddy se le diagnosticó discapacidad auditiva bilateral; este es un tipo de sordera profunda», contó Claudia, mientras que Eddy señalaba sus oídos.
Según Audicost, «el término médico hipoacusia bilateral implica una reducción auditiva que puede variar entre leve, media y grave; afecta ambos oídos».
En el caso de Eddy, un joven de piel tostada, con un maletín lleno de sueños, es grave. No puede oír, y no usa audífonos.
Algunas veces, cuando la explicación se hacía muy extensa, Eddy tocaba el hombro de su tutora. Claudia comprendía y lo incluía; gesticulando con sus manos en lengua de señas y con su voz explicaba, un puente entre ambos mundos.
El ruido externo de Orinokia Mall no se sentía en la conversación. La campana de una churrería famosa era lo que en instantes se sentía: «Tilín, tilín, tilín».
Cuando la pregunta era directa, tocaba su barbilla, pensando. Tocaba su corto y liso cabello buscando la manera más acertada para responder.
Del resto, él se mantenía tranquilo, veía a los lados cuando ya había perdido el hilo, pero se quedaba sentado sin interrumpir. Por momentos recostaba su cabeza y veía a su tutora recobrando el interés. En otros instantes era pillado jugueteando con su bolso.
Nuestro entorno, el resto de personas en las otras mesas de la feria de comida pasaban, sin un interés real en nosotros.
«A partir de allí, comenzaron las terapias; a las personas sordas se les hace una estimulación temprana. También deben asistir al psicólogo, al fonólogo, para poder hacer lectura labial. Además, terapias para poder usar su voz», explicó.
Este diagnóstico generó cambios, movimiento, aprendizaje y la necesidad de fuerza, fe y apoyo, mucho apoyo.
El primer cambio, la mudanza, ir de Guasipati a Ciudad Guayana, no era sencillo, pero Eddy necesitaba terapias y un colegio especializado, siendo Puerto Ordaz el lugar donde podía conseguirlo.
Así empezó su nueva vida, en el colegio Unidad Educativa Especial de Deficiencias Auditivas Manuel Piar, ubicado en Unare 2. En ese lugar, logró aprender lengua de señas y siguió con sus terapias hasta su tercer grado.
A raíz de un decreto presidencial (Gaceta Oficial N.° 38.598 en enero del 2027), dejó de estudiar en una escuela especial. Para ese entonces, se promulgó la Ley para las Personas con Discapacidad, la cual establece el derecho a personas sordas de recibir educación bilingüe: lengua de señas y castellano. Por ello era necesario un colegio regular.
Encontrar una escuela primaria fue sencillo y sus maestras lo hicieron sentir incluido; para su bachillerato fue otra historia.
«En el liceo no lo querían aceptar. El personal se negaba, decían: ‘No, no, él no puede estudiar aquí'», detalló Claudia, sin mencionar el nombre del colegio.
Búsqueda de un tutor
Recuerda que su madre estaba muy molesta, furiosa como «una leona» por su pequeño, indignada ante la injusticia y apelando a la legalidad para luchar contra el sistema y que su hijo pudiera estudiar ahí.
La respuesta del colegio fue tajante: «Sin tutor no hay opción». ¿Dónde iba a encontrar a alguien que pudiera ser ese cable, ese traductor entre ambos mundos?
La aparición de Claudia Moreno significó esperanza, y su aceptación significó alivio. Pero, ¿qué hubiese sido de Eddy si no lograban conseguirlo? ¿El cupo para las personas sordas es negado?
Lamentablemente, en Puerto Ordaz no hay un sistema universal para acoger a los niños con discapacidad auditiva; ellos significan un reto sin asumir. Son aguas profundas que nadie se ha decidido a navegar, porque implica adaptarse.
¿Ya lo has sentido? ¿Te has sentido apartado? Imagínate que, siendo hispanohablante, te encuentras en una clase donde nadie habla tu idioma.
Aunque puedas ver y oír todo, ¿no sentirías que falta algo esencial?, ¿cómo presentarías tus evaluaciones? No escuchar es como ver una película sin sonido. Pero, en la vida real no hay subtítulos, por ello se necesita el tutor.
Logros de Eddy Oronoz
La vida de Eddy no se detiene, su discapacidad no es un obstáculo. Sus logros, sin importar su condición, son una enseñanza. Es como un faro marítimo cuya misión es guiar en la oscuridad. Es un ejemplo de superación para sus compañeros, al graduarse del liceo, y al estar posicionado como el segundo mejor de su clase en la Universidad Santiago Mariño, y ya va por el séptimo semestre de Arquitectura.
Estudiar para él es diferente. Su método es la disciplina y la organización; ve videos en YouTube subtitulados para entender los contenidos más pesados, y siempre se les informa a sus profesores para que lo tengan en cuenta.
«Aunque, hay quienes no lo entienden, me han llegado a preguntar si de verdad no escucha… y una vez en el liceo no se dieron cuenta que era sordo hasta unas semanas después de iniciadas las clases». contó Moreno.
Para personas con sordera profunda, el tutor siempre debe estar en clases. Además, el apoyo del entorno es crucial. Eso no borra el problema principal: el plan educativo debe ser adecuado. Aun así, sin importar las limitaciones, Eddy nunca se ha sentido menos, abandonado o desprotegido.
«Nunca me he sentido solo o excluido, siempre he tenido personas conmigo», comunicó su tutora, siendo la voz de Eddy quien hacía señas con sus manos para indicar que estaba bien, y que se sentía bien.
Claudia con voz firme indicó, sin gesticular, que Eddy no debía ser una persona subestimada, pues su memoria fotográfica y su disciplina eran herramientas poderosas.
Lengua de señas
La lengua de señas es el puente hacia el mundo de Eddy, una lengua natural para los sordos. En esta lengua no existen los artículos, tampoco las palabras técnicas como «polinomio o funciones».
Además, los verbos se usan en infinitivo.
Una lengua simple donde «yo comer, yo bailar, casa bonita» nos enseña una simplicidad profunda. Y es en esa misma simplicidad donde reside la mayor lección: Eddy Oronoz demuestra que no hay «extraterrestres» en nuestra especie; solo mundos distintos que merecen comprenderse.
Su vida es un recordatorio urgente de que la verdadera discapacidad no radica en la ausencia de un sentido, sino en la ceguera social que nos impide construir esos puentes. ¿Seremos capaces de dejar de ser ajenos a otras realidades y construir juntos un universo para todos?

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