Un equipo internacional de investigadores ha descubierto en Egipto un fósil de una nueva especie de simio, el Masripithecus moghraensis, que vivió en el Mioceno, hace unos 17-18 millones de años. Estos restos -parte de una mandíbula- son el primer fósil de simio descubierto en el norte de África.
Durante años, el registro fósil del Mioceno Temprano en el norte de África solo mostraba presencia de monos pero no de simios, que únicamente se habían encontrado al este del continente. El nuevo fósil prueba que en esta época los ancestros de los simios modernos (incluidos los humanos) habitaban el norte de África y la región de Oriente Medio, y no solo el África oriental.
«Pasamos cinco años buscando este tipo de fósil porque, cuando observamos de cerca el árbol genealógico de los primeros simios, queda claro que falta algo, y el norte de África tenía la pieza que faltaba», subraya el paleontólogo de la Universidad de Mansoura y autor principal del estudio, Hesham Sallam.
Los detalles del estudio, liderado por el Centro de Paleontología de Vertebrados de la Universidad de Mansoura (Egipto) y la Universidad del Sur de California (Estados Unidos), se han publicado este jueves en Science.
Recuperados en 2024 en el yacimiento de Wadi Moghra, en el norte de Egipto, los restos del Masripithecus, bautizado así en honor su origen (Masr significa Egipto en árabe y píthēkos es el término griego para simio), son la prueba de que los ancestros de los simios modernos (los hominoideos del grupo corona) no evolucionaron exclusivamente en África Oriental, como se creía hasta ahora.
«Los hominoideos corona son la familia de primates a la que pertenecen los humanos y los grandes simios (chimpancés, gorilas y orangutanes) y los menores (gibones y siamangs)», aclara a EFE Júlia Arias-Martorell, investigadora del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y coautora, junto a su colega David M. Alba, de una Perspectiva relacionada publicada en Science.
Masripithecus moghraensis es un nuevo miembro del árbol genealógico de los simios y una pieza importante también para evolución humana. Es el hominoideo basal más parecido a los simios de aspecto moderno, avanza la paleontóloga.
Un descubrimiento desafiante
Mediante el uso de avanzados métodos que combinan anatomía, ADN y edades geológicas, los autores determinaron que Masripithecus es una pieza clave del árbol genealógico de los simios, un hominoideo basal (anterior a los corona) que está más estrechamente emparentado con los simios actuales que cualquier otra especie del Mioceno Temprano hallada en África Oriental.
«Durante toda mi carrera, creí que el ancestro común de los simios actuales vivió en el este de África. Este descubrimiento desafía fuertemente esa idea», confiesa Erik Seiffert, coautor del estudio y paleontólogo de la Universidad del Sur de California.
Para Arias-Martorell, probablemente esta creencia errónea surge de un registro fósil sesgado hacia el África del este, donde históricamente se han buscado y encontrado los ancestros de los humanos pero «esa búsqueda se ha impuesto a la de los ancestros de los hominoideos, pese a que estos también son importantes para comprender la evolución humana».
De hecho, apunta en la Perspectiva, «la investigación sobre los parientes extintos más cercanos de los humanos, como los australopitecos, solo puede explicar la historia más reciente del linaje humano pero los simios más antiguos son esenciales para reconstruir el último ancestro común de chimpancés y humanos, es decir, el punto de partida de la evolución humana».
Ubicación geográfica
Los análisis del equipo han revelado que el fósil no solo prueba que los simios estaban presentes en el norte de África en el Mioceno Temprano, sino que la nueva especie era bastante distinta a las especies de una antigüedad similar halladas en el este de África.
El fragmento de la mandíbula inferior conserva una combinación de rasgos únicos distintos de otros simios. El Masripithecus tenía unos dientes caninos y premolares excepcionalmente grandes, molares con superficies de masticación redondeadas y fuertemente texturizadas, y una mandíbula notablemente robusta.
Esto le permitía tener una dieta flexible basada en frutas pero con la fuerza necesaria para procesar alimentos más duros como nueces o semillas, una adaptación que le permitió prosperar en un entorno donde «los cambios climáticos estaban creando estaciones extremas», apunta Shorouq Al-Ashqar, de la Universidad de Mansoura y una de las primeras autoras del estudio.
En cuanto a la ubicación geográfica del Masripithecus, el estudio revela que durante el Mioceno, el ancestro común de todos los simios vivió en el norte de África y Oriente Medio, que entonces era un corredor natural entre Europa y Asia por el que pasaron los animales cuando bajó el nivel del mar.
Para los autores, Masripithecus proporciona un vínculo intermedio crucial entre los registros fósiles africanos y euroasiáticos que revela que los simios ya se estaban diversificando en el área y, por lo tanto, estaban posicionados para expandirse hacia Europa y Asia tan pronto como se establecieran las conexiones terrestres.
El hallazgo, por tanto, «confirma que los paleontólogos podrían haber estado buscando a los ancestros de los hominoideos de grupo corona en el lugar equivocado», escriben los científicos españoles en la Perspectiva relacionada.
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