¿Qué secreto esconden los videojuegos para cautivar la atención de nuestros jóvenes durante horas? ¿Cómo podemos trasladar esa chispa de compromiso al cumplimiento de sus deberes escolares? Son preguntas que nos hacemos muchos padres y docentes, al notar que el mismo estudiante que se concentra en un juego durante un tiempo prolongado es el mismo que, cuando se trata de una asignación escolar tradicional, se muestra desmotivado y desconectado, dedicándole un tiempo fugaz.

La clave va más allá de las capacidades; se trata del interés. Los juegos han sido diseñados para entregar recompensas constantes que mantienen a la persona a la expectativa y en un “estado de flujo”. Este enfoque de logros constantes mantiene la curiosidad y la motivación encendidas, un aspecto que la educación tradicional, en muchas ocasiones, pasa a segundo plano.

Para transformar nuestras aulas en espacios motivadores, que mantengan la atención y el interés del estudiante, además de lograr aprendizajes profundos, necesitamos aplicar metodologías activas y estrategias de gamificación. Ya sea que usemos la tecnología o no, el secreto está en la creatividad con la que implementes las siguientes ideas:

  • Plantear el progreso como una acumulación de logros que muestran al alumno cuánto ha avanzado (acumulas puntos para alcanzar una meta), en lugar de ver la nota como un número que resta.
  • Dividir los contenidos por niveles, en el que el estudiante sienta que cada tema visto es un nivel que supera en la ruta del aprendizaje.
  • Otorgar insignias que valoren el esfuerzo, la reflexión, la creatividad o la colaboración. Esto valida el proceso y evita que la evaluación dependa únicamente del resultado de una prueba.
  • Transformar una lección tradicional en una narrativa que conecte con los estudiantes hace que el aprendizaje cobre sentido real al asociarlo con los intereses y la cotidianidad. No es lo mismo estudiar Historia de Venezuela, que ser “un viajero del tiempo” que debe ayudar a los próceres a resolver un enigma o dilema.

Estas estrategias aumentan la motivación, fomentan la autonomía y la resiliencia ante los errores, porque en el juego un error es una oportunidad para volverlo a intentar cada vez mejor, aplicando nuevas estrategias. De esta manera, los estudiantes viven la experiencia de aprender de una forma lúdica y conectada.

Cuando vayas a preparar tu próxima clase, te puedes apoyar con una herramienta de inteligencia artificial para romper con el bloqueo de «la hoja en blanco», y pídele: «Ayúdame a transformar mi próxima clase sobre [tema] en una dinámica de juego que incorpore una narrativa, niveles e insignias para motivar a mis estudiantes, y que tenga un esquema de puntajes para que me funcione como rúbrica de evaluación durante el proceso».

Recuerda suministrar información relevante sobre las características de tus estudiantes: el contexto. Evita compartir información sensible: datos de tus estudiantes o institucionales.

El juego es la forma en la que exploramos y comprendemos el mundo desde que somos pequeños; es esa primera práctica que tenemos de lo que significa vivir; es entonces el lenguaje natural del aprendizaje. Tenemos que mirarlo más allá de la distracción al inicio o al final de la clase.

Al incorporar elementos innovadores a nuestras aulas, estamos devolviendo la capacidad de asombrarse, descubrir y entender que errar es una oportunidad para volver a comenzar.

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