“En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. No se quedó en Nazaret, sino que se fue a vivir a Cafarnaúm, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: de Zabulón y tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán, Galilea, tierra de paganos, escuchen: La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte. Desde entonces Jesús empezó a proclamar este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca.» Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar. Jesús los llamó: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Al instante dejaron las redes y lo siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las redes. Jesús los llamó, y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús empezó a recorrer toda la Galilea; enseñaba en las sinagogas de los judíos, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades”.  

Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana. Venezuela

En este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia Universal celebra, el Domingo de la Palabra de DIOS, instituido por el Papa Francisco, en su Carta Apostólica en forma de “Motu Proprio” titulada “Aperuit Illis” publicada el 30 de septiembre del 2019, memoria litúrgica de San Jerónimo. El título de esta Carta Apostólica se basa en el pasaje bíblico del capítulo 24 de San Lucas, en el que se describe el gesto de Jesucristo a los discípulos con el cual “les abrió́ el entendimiento para comprender las Escrituras”. “Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable”, así escribió el Papa Francisco.

Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de JESUCRISTO, Según San Mateo capítulo 4, versos del 12 al 23, en el que se narra el inicio del ministerio público de nuestro Señor JESUCRISTO en la versión “Mateana”. Y es que, JESÚS, recogiendo la antorcha de Juan el Bautista, deja Judea y cruza el río Jordán para ir a buscar las ovejas perdidas de Galilea, tierra de la que, según la tradición judía, estaba habitada por renegados de la fe por lo que no podía salir nada bueno de allí.

Es importante destacar que Mateo es particularmente sensible a la Misión universal del Mesías. Él siente la necesidad de trasmitirle ese mensaje a sus contemporáneos y a los cristianos de todos los tiempos, ya que los primeros seguidores de JESÚS, pensaban que la salvación era solo para los judíos. Por eso es que la mayoría de los expertos bíblicos opinan que esa es la razón por lo que el primer Evangelio introduce la cita del profeta Isaías 8,23-9,1: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»

Porque JESÚS, no quiere reunir bajo su regazo solo a los puros, ni a quienes se consideren perfectos cumplidores de la Ley. Él quiere que Su Mensaje de CONVERSIÓN alcance a todo el mundo, por eso se hace misionero itinerante, para estar seguro de encontrar a las mujeres y hombres de todos los tiempos en cada espacio donde se desarrollen, con sus propias realidades y limitaciones.

Al confrontarnos con el texto, en el día que celebramos la Fiesta de la Palabra de DIOS, y poniendo la mirada, en este tiempo tan confusos que estamos viviendo los venezolanos, podemos entender que el texto es un llamamiento a la CONVERSIÓN, fundamentado en el hecho de que el Emmanuel, el DIOS con nosotros, anunciado por los Profetas, se ha hecho Carne en JESÚS, para habitar en medio de nosotros y para invitarnos cada día a ser más humanos y de esta manera alcanzar la tan anhelada felicidad.

Por eso hoy es el día para preguntarnos: ¿la conversión al proyecto de JESÚS, me hace sensible para ir al encuentro de mis semejantes en cada uno de los espacios donde se desarrollan? ¿el encuentro con JESÚS, me capacita para ser un cristiano que anuncie la Buena Noticia y de testimonio con mi vida en medio de mis actividades cotidianas y de tantas adversidades?

Señor JESÚS, danos el discernimiento necesario para poder entender Tú mensaje de Amor y de esta manera poder convertirnos en portadores de Tú Verdad y con nuestro testimonio podamos construir una comunidad donde reine la Justicia y la Fraternidad.

Amén