
Los camaleones, los pulpos o los militares adaptan su color al entorno para camuflarse (cripsis, como lo conocen los biólogos). Una investigación publicada en Nature, punta de lanza de la mejor ciencia, apunta a que las mariposas usan una estrategia de defensa radicalmente diferente: cuanto más llamativas son sus alas, cuanto más vivos sus colores y cuanto más contraste hay en sus patrones, más difícil se lo ponen a los depredadores. El análisis de los apéndices alares de centenares de estos lepidópteros muestra que, al echar a volar, lo que hace bellos a estos insectos a ojos de los humanos, provoca en las aves que se las comen ilusiones ópticas que las confunden. La investigación ayudaría a explicar la enorme variedad de formas y diseños que tienen.
“Para los ojos resulta muy sencillo detectar el movimiento, pero existen todo tipo de ilusiones ópticas que pueden interferir en este proceso”, recuerda Jolyon Troscianko, ecólogo de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y autor sénior de un estudio que busca explicar por qué las alas de las mariposas son como son. Troscianko, especializado en ecología de la visión animal, usa la ilusión óptica que generan los postes de colores típicos de las barberías en los países anglosajones, en los que unas franjas diagonales que se desplazan lateralmente parecen moverse hacia arriba o hacia abajo, para explicarlo. “Las alas de las mariposas emplean una combinación heterogénea de estrategias para alterar la percepción visual del movimiento”, cuenta en un correo.
Los investigadores reunieron todos los patrones y combinaciones de colores usados por 397 de las especies de mariposas que hay en Europa. A muchas de ellas las han filmado con cámaras de alta velocidad, capaces de registrar más de 2.000 fotogramas por segundo, durante el vuelo. Apoyados en trabajos previos, crearon un ojo artificial (un modelo informático) de la visión del herrerillo común, una especie de pajarillo (las paseriformes) que tiene a las larvas y orugas de mariposa en su dieta, pero rara vez a las ya adultas. “Las aves normalmente ven estímulos parpadeantes aproximadamente el doble de rápido que los humanos”, recuerda Troscianko. Vieron que el ojo artificial se confundía con la velocidad y la posición real de los lepidópteros.
“En ciertas fases del aleteo, las franjas y los bordes de las alas generan efectos laterales tipo poste de barbero [con franjas azules, blancas y rojas en movimiento espiral]”, detalla el investigador de la universidad británica. Al batir sus apéndices alares, la velocidad de batida irregular hace que sus patrones, como cree que sucede con las franjas de las cebras o el contraste del blanco y el negro en los pandas, alteren cómo las ven. Además, las mariposas rara vez van en línea recta, cambiando continuamente de posición el vuelo. “En conjunto, estos efectos generan señales de movimiento engañosas: maximizan la apariencia de un movimiento descendente falso y ocultan el verdadero movimiento ascendente”, explica Troscianko.
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