La maleza se adueñó de la calle Bolívar, y la destrucción de la vía es evidente. Foto: Níger Martínez

En Altamira I, un barrio con más de 80 años de historia en San Félix, la calle Bolívar evoca recuerdos agridulces para sus residentes. Luego de vivir sumergidos entre el olor de las aguas fecales que circulaban las 24 horas por esta importante arterial vial, en 2009 el alcalde José Ramón López ordenó instalar la red de aguas negras, un avance que parecía marcar el fin de una pesadilla.

«Más que un logro fue una necesidad que la alcaldía de Caroní, a través del alcalde José Ramón López, se apiadara de más de cientos de familias que vivimos en la calle Bolívar. Las aguas negras de la vía Río Claro circulaban por los costados de la calle, muchos niños enfermaron de sarna, problemas respiratorios, dengue y otras enfermedades producto de las aguas fecales que bajaban por la calle», rememora María, una anciana que observa con preocupación el estado actual de una de las calles de Altamira I en San Félix.

Sin embargo, lo que fue un alivio temporal se ha convertido en un abandono sistemático. Un barrio con más de 80 años de fundado se debate entre la desidia gubernamental y el olvido. La calle perdió el asfaltado, la maleza se apropió de este lugar y la basura campea por todos lados porque el aseo urbano no circula por este sitio hace muchos años, es el testimonio de lugareños.

La calle Bolívar conecta con la calle Brisas del mencionado vecindario y los residentes la conocen popularmente como la «Calle Olvidada». Todas las vías de acceso a Altamira I se hallan intransitables; lugareños ya no se acuerdan cuando fue la última vez que la asfaltaron.

 

Olvidados por siempre: cochinos y fetidez diaria

José Prieto, otro vecino afectado, relata que todos en el barrio habían superado los olores putrefactos de las aguas negras que atravesaban la calle; hasta que ciertos habitantes comenzaron a criar cochinos en sus casas. «La fetidez se percibe a todas horas, más en horas del mediodía, es insoportable», indicó un afectado.

Otros apuntan que el agua por tubería llega de vez en cuando, situación por la que es imposible hacer mantenimiento a las cochineras que existen en el sector. Dicen que tienen que madrugar para llenar tanques y tambores, hasta que se va nuevamente y no avisa cuándo regresará de nuevo.

Según los residentes, el agua en tiempo pasado era permanente, hasta que comenzó a fallar. Tienen que comprar agua potable porque la que obtienen no es apta para el consumo humano. Esta precariedad diaria transforma la calle Bolívar en un espacio donde el tiempo parece detenido, atrapado entre recuerdos de progreso y una realidad de supervivencia cotidiana.

Fallas eléctricas: la yerba de pajarito invade las guayas

Los cortes constantes del servicio eléctrico agravan la situación en calles del barrio Altamira I, exclusivamente en la calle Bolívar, dicen los perjudicados que las guayas tienen muchos años. Ya los cables de transmisión eléctrica de alta tensión están inundados de la conocida «yerba de pajarito», esa planta hemiparásita que prolifera en los tendidos eléctricos por falta de mantenimiento.

«Pensamos que ya es el momento que Corpoelec reemplace el cableado del barrio, el tendido eléctrico tiene los mismos años de creada la comunidad. La luz se va muy seguido y cuando llega nos sorprende, porque quema los aparatos electrodomésticos», apuntó un vecino.

Petra, otra residente de larga data, asegura que los gobiernos de turno se olvidaron de los barrios vulnerables de Ciudad Guayana. «Todas las comunidades se encuentran destruidas, una peor que otra y nadie hace nada por recuperarlas».

Los vecinos solicitan que tanto la gobernación como la alcaldía tomen en cuenta este sector en los proyectos de mejoras de los servicios básicos, un clamor que resuena en cada esquina de la Calle Olvidada, donde el progreso de antaño choca con la desidia presente.

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