He escuchado el lamento innumerables veces: «Sergio, no tengo tiempo.» Lo dicen ejecutivos, dueños de PYMES y gerentes de proyecto, alumnos, todos corriendo sin dirección. Su problema no es de escasez, sino de administración calamitosa. No te falta tiempo; tienes pérdida de tiempo.

Séneca, el mentor estoico, lo dijo hace dos mil años: «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. «Asaz larga es la vida… si de ella sabes hacer buen empleo». La vida nos es dada con generosidad, pero nosotros somos sus peores derrochadores.

Esta es mi tesis, el mapa de supervivencia para el líder bajo presión: No tienes falta de tiempo, tienes pérdida de tiempo. Deja las noticias, las redes, las quejas. Recupera tu atención y enrútala hacia lo que realmente importa. El ROI más alto es la hora que salvas de la trivialidad.

Estrategia de la Eliminación Radical

El líder promedio se quema persiguiendo los «imprevisibles» que encuentra en las redes sociales o los titulares de noticias. Está gastando su precioso capital mental en cosas que están totalmente fuera de su Dicotomía de control.

El antídoto es la eliminación radical de lo no esencial.

Un gerente de operaciones de una empresa pequeña estaba siempre ansioso y desfasado en sus entregas. Su vicio: revisar constantemente los portales de noticias, sintiendo la obligación de estar «informado». Su solución, de costo cero, fue simple: eliminó las noticias y las redes de su rutina matutina.

El ROI fue inmediato y doble: recuperó diez horas semanales para la planificación estratégica (productividad) y ganó tranquilidad (menos ansiedad sobre lo incontrolable). Esto es la Disciplina de la Gerencia Estoica: usar la Templanza para decir «no» a las actividades sin valor, liberando tu enfoque para la acción.

LSS de la Atención

Como profesional Black Belt en Six Sigma, veo el tiempo como un flujo que debe ser purgado de desperdicios (waste). La queja, la justificación y la rumiación son desperdicio emocional que no aporta valor.

Tu enfoque debe estar en los objetivos básicos, no en la actividad sin fin. La clave es tratar tu tiempo como tratas tu dinero: con una avaricia honorable. Invierte cada minuto donde genere el mayor retorno en tu carácter, en la virtud.

Toma tu lista de actividades y pregúntate por cada una: ¿Es esto necesario?

Tu vida no está garantizada. No te puedes permitir el lujo de la inercia.

Haz un inventario de tu tiempo. Identifica al ladrón. Despídelo. Invierte en lo esencial.

Hoy. No mañana.

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