AME1222. CATIA LA MAR (VENEZUELA), 23/08/2026.- Fotografía del 17 de agosto del 2026 que muestra carpas refugio frente a edificaciones en reparación en Catia La Mar (Venezuela). Dos meses después de los terremotos del 24 de junio, que dejan 6.500 muertos y a más de 17.900 personas sin vivienda en Venezuela, algunos sobrevivientes buscan recuperar parte de la normalidad con pequeños negocios instalados en refugios o entre los vestigios de sus casas afectadas. EFE/ Miguel Gutiérrez

Dos meses después de los terremotos del 24 de junio, que dejan 6.500 muertos y a más de 17.900 personas sin vivienda en Venezuela, algunos sobrevivientes buscan recuperar parte de la normalidad con pequeños negocios instalados en refugios o entre los vestigios de sus casas afectadas.

En La Guaira, el estado más golpeado, el sector productivo reporta una caída de sus ingresos del 80 % después de la tragedia, según un informe elaborado por la Cámara de Comercio de la entidad.

El turismo, principal fuente de ingresos para sus habitantes, se mantiene casi paralizado en medio de la remoción de escombros y la escasa llegada de visitantes a las playas, aunque la pesca y otras actividades menores empiezan a renacer.

Barbero en casa

Jefferson Zavala, un joven de 27 años que dejó su empleo en una barbería después de los sismos, decidió reinventarse en casa con algunas máquinas de afeitar, tijeras, cepillos, una mesita y un espejo.

Su negocio funciona justo en la entrada de su vivienda, que fue marcada con una etiqueta amarilla tras la inspección de las autoridades, lo que advierte de grietas y afectaciones en la construcción, aunque sin riesgo de colapso.

«Yo trabajaba en Maiquetía. Por todo esto que pasó tuve que retirarme, se me hacía incómodo ir al trabajo y empecé en mi casa, nuevamente, de cero, poco a poco», contó Zavala, quien reside en Mare Abajo, una comunidad rodeada de decenas de tiendas de campaña con damnificados.

AME1222. CATIA LA MAR (VENEZUELA), 23/08/2026. Fotografía del 17 de agosto del 2026 que muestra a Jefferson Zavala en su barbería en Catia La Mar (Venezuela). Dos meses después de los terremotos del 24 de junio, que dejan 6.500 muertos y a más de 17.900 personas sin vivienda en Venezuela, algunos sobrevivientes buscan recuperar parte de la normalidad con pequeños negocios instalados en refugios o entre los vestigios de sus casas afectadas. EFE/ Miguel Gutiérrez

Cobro «lo que tenga la gente»

A diario recibe entre uno y tres clientes, a quienes cobra 5 dólares y no los 10 de costumbre o, incluso, «lo que tenga la gente».

«Todavía no asimilo todo esto. Siento que hay varias etapas, que aquí es una etapa, aquí es un mundo y afuera es otro mundo», confesó este joven, quien considera que la mayoría de los sobrevivientes aún están afectados.

De esta experiencia rescata que el trabajar en casa le ha permitido pasar más tiempo con su familia.

Zavala no es el único dedicado al cuidado personal. Como él, hay mujeres que han habilitado espacios para hacer manicura y pedicura dentro de las tiendas de campaña.

Empezar de nuevo

También Edwar Carpio cuenta una historia de resiliencia. A sus 51 años ha levantado de nuevo su venta de verduras y frutas en Mare Abajo. Con algunas tablas, una balanza y cestas, ha logrado reorganizar su negocio.

«Me regalaron esto y aquí empecé otra vez», relata Carpio sobre la tienda de campaña en la que emprendió dos semanas después de la emergencia y donde espera que el Gobierno termine de reparar las paredes de su casa.

Ha decidido no subir los precios de sus productos, que llegan en un transporte privado desde Caracas.

Y aunque dice que las ventas han estado «flojas», reconoce que en la última semana «se han movido algo más», ya que asegura que la gente está cocinando más debido a que las ayudas y donaciones privadas e internacionales «han mermado».

Fotografía del 17 de agosto del 2026 que muestra a Edward Carpio en una carpa refugio vendiendo frutas y verduras en Catia La Mar (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez

Una venta en medio de la nada

Otra es la historia de Denis Carolina Tuberge, quien se ha convertido en la única comerciante instalada a la intemperie a lo largo de una gran avenida llena de negocios cerrados en Caraballeda.

En esa zona, distante a unos 12 kilómetros de Mare Abajo, predominan las máquinas que remueven escombros y los vehículos que viajan de un lado a otro.

«La vida nos cambió totalmente. Y bueno, con la esperanza vuelvo a empezar otra vez, de nuevo», cuenta Tuberge, quien llega a ese lugar muy temprano en la mañana, cargando una carretilla con golosinas, cigarrillos y refrescos.

Mientras muchos negocios siguen cerrados, ella insiste, aunque llora con facilidad al recordar que sus principales clientes eran niños de un complejo gubernamental conocido como OPPPE (Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales) que quedó totalmente colapsado y donde, afirma, «casi todos murieron».

«Se siente la soledad. No es lo mismo», se lamenta.

Fotografía del 17 de agosto del 2026 que muestra a Denis Carolina Tubergue en su puesto de venta callejero en Catia La Mar (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez

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