

Durmiendo sobre un colchón a la entrada de su vivienda para captar algo de brisa en medio del agobiante calor nocturno de Maracaibo, Elianne Flores refleja la realidad de millones de venezolanos que sufren cortes eléctricos cada vez más prolongados. Aunque el sector político prometió inversiones tras la salida de Nicolás Maduro del poder, la crisis del servicio no ha dado tregua en Zulia.
La rutina de Elianne se divide entre el calor y el cuidado de su esposo, convaleciente por un accidente cerebrovascular y diabetes. Para mantener fría la insulina que él requiere, la familia depende de una extensión conectada a la casa de un vecino que sí cuenta con suministro, ya que el transformador de su cuadra dejó de funcionar. La escasez de energía afecta además el bombeo de agua, obligándolos a recurrir a recipientes para el aseo diario.
El deterioro del servicio no es un fenómeno aislado de Maracaibo. De acuerdo con el analista Efraín Rincón, de la firma Consultores 21, las interrupciones diarias alcanzan al 99 % de los hogares en Zulia, al 98 % en la región andina y ya afectan al 82 % de los hogares en Caracas, evidenciando un problema de escala nacional.

Variaciones climáticas
Aunque las interrupciones aumentaron a partir de febrero, las autoridades atribuyen las fallas a variaciones climáticas, sanciones previas y actos de sabotaje contra acuerdos energéticos recientes, entre ellos alianzas estratégicas para la recuperación de infraestructura. Por su parte, la oposición y diversos especialistas sostienen que la situación responde al desgaste acumulado, la desinversión y la falta de mantenimiento estructural en la red eléctrica.
La falta de respuestas por parte de los organismos oficiales mantiene a las comunidades afectadas en la incertidumbre. Familias con pacientes crónicos, adultos mayores y estudiantes deben recurrir a linternas recargables y a la solidaridad entre vecinos para afrontar el día a día sin electricidad.
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