El caudal de aguas de lluvias baja por la calle principal de El Cerrito, ingresa a algunas de las viviendas. Foto: Níger Martínez

El polvo y las piedras de la calle principal de El Cerrito no dan tregua a quienes caminan por ella. Con el rostro marcado por el cansancio de la jornada, una mujer avanza a paso lento sosteniendo las bolsas que trajo del mercado municipal de San Félix. Apenas unas cuantas verduras, hortalizas y frutas para garantizar el almuerzo de sus seis hijos. Acaba de bajarse de una de las pocas camionetas destartaladas que cubren la ruta hacia La Victoria, e inicia el trayecto a pie hacia su casa, esquivando las grietas de una vía que parece un campo minado.

Su historia es la de muchas en este sector anclado a un costado de la arteria vial que conecta con barrios como Cristóbal Colón, La Victoria, Monte Horeb, Trapichito y Libertador, en la parroquia Vista al Sol. Prefiere no revelar su nombre, pero la crudeza de su día a día habla por sí sola.

“Vivimos en zozobra”, confiesa sin detener la marcha. Todos los días me toca salir de madrugada a ingeniármela para ganar el sustento de mis cuatro hijos pequeños y dos adolescentes que van al liceo. El papá nos abandonó por otra mujer; lo único que nos dejó fueron deudas y miseria.

Mientras camina, comparte un contraste constante de emociones; la alegría de saber que uno de sus hijos pronto se graduará de bachiller, aplastada de inmediato por la pesada incertidumbre de no saber cómo comprará los uniformes o cubrirá los gastos escolares. En El Cerrito, la crisis económica no solo se mide en la billetera, sino en el cansancio acumulado de las madres que sostienen sus hogares en solitario.

Las calles de tierra y piedras, jamás han sido asfaltadas, tampoco tienen red de aguas negras

Un barrio sin tuberías y bajo la sombra de los pozos sépticos

El sector acumula más de tres décadas de fundado, pero para sus habitantes el tiempo pareciera haberse congelado en una permanente precariedad. A pesar del crecimiento poblacional, la comunidad carece por completo de una red de aguas servidas. Todas las viviendas dependen de pozos sépticos que, en su gran mayoría, ya se encuentran colapsados y al límite de su capacidad.

A la crisis sanitaria se suma el calvario de la electricidad. El alumbrado público languidece y la luz parpadea a diario con variaciones de voltaje que obligan a los vecinos a salir corriendo para desconectar sus pocos electrodomésticos antes de que se quemen. El agua por tubería fluye apenas a cuenta gotas de manera esporádica, mientras que el camión del aseo urbano pasa con meses de diferencia, acumulando desechos en las esquinas.

La llegada del invierno solo aviva el temor comunitario. Sin un sistema de drenaje adecuado, las lluvias convierten la calle principal en un río embravecido que desciende con fuerza desde la parte alta, amenazando con anegar las viviendas más vulnerables.

Los huecos son innumerables en la vía principal que conduce a La Victoria y utiliza el transporte púbico

 

Transporte a cuentagotas en calles destruidas

Caminar a pie no siempre es una elección en El Cerrito; a menudo es la única opción. Las camionetas de transporte público que aún se atreven a ingresar a la zona lucen deterioradas, y sus choferes prefieren prestar un servicio mínimo antes de terminar de destruir el tren delantero de sus vehículos en las troneras del camino.

“Tienen muchas décadas sin asfaltar la vía principal que conduce a La Victoria y conecta con las demás comunidades, sin contar las calles internas de los barrios que son puros pedregales”, comenta otro residente del sector, señalando la imposibilidad de que un vehículo particular o una ambulancia transite con fluidez.

Cansados de lo que califican como «falsas promesas» pronunciadas únicamente en tiempos de campaña electoral, las familias de El Cerrito levantan la voz. El llamado urgente está dirigido a la Alcaldía de Caroní, a la Gobernación del estado Bolívar y al Gobierno nacional; exigen el asfaltado de sus calles, la rehabilitación de las escuelas de la parroquia y una solución definitiva al colapso de las aguas blancas y negras que amenaza la salud de sus hijos.

El aseo urbano pasa cada cierto tiempo y los vecinos se inundan de basura

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