Lima, Perú. Está entre los deportes olímpicos que requieren de mayor equilibrio mental para derrotar al rival, un componente que, según la nacionalidad y su situación particular, puede ser más o menos complicado de tener en una justa panamericana.

Si alguien sabe de esas dificultades en Lima 2019, esos son los tiradores venezolanos, deportistas bastante bien valorados en el deporte a nivel continental e internacional y que tienen en su equipo nada menos que al mejor deportista venezolano de todos los tiempos, el campeón olímpico en Londres 2012 y varias veces campeón panamericano, Rubén Limardo, quien también en Lima se llevó el oro.

Problemas a cuestas

Pero la permanencia de Venezuela en la elite de este deporte, no está exenta de los problemas que acompañan a toda crisis política e institucional.

«El esgrima es de mucha actitud. Por eso tienes que estar muy fuerte emocionalmente, porque no es un deporte de solo técnica. Hay muchas esgrimistas que tienen unas ganas de ganar, gritan, lo celebran, y entonces como que te puedes venir abajo», señaló a Efe la espadista Patricia Piovesan, número 59 en el ránking mundial y que en estos juegos se llevó la medalla de plata.

Mantener la «actitud» en tiempo de crisis «no ha sido fácil» para los tiradores venezolanos, quienes no solo han visto a sus familiares o amigos partir de su país, sino también reducir el número de competidores en los torneos nacionales.

«Muchos se han retirado», aseveró la espadista, quien se entrena en Polonia gracias a la Fundación de Limardo, pero que ha podido ver cómo esas reuniones nacionales que en sus mejores tiempos llegaban a reunir hasta a 100 personas, ahora solo alcanzan los 25.

«A la larga o a la corta siempre te afecta», agregó el sablista José Quintero, número 300 en el ránking mundial que llegó a Lima «más fuerte de mente» que cuando acudió al Mundial de Esgrima el año pasado en China, y donde no obtuvo los resultados deseados.

Y es que «quien no esté bien emocionalmente o no se pueda concentrar totalmente, no podrá dar un buen resultado en este deporte, que es de sensaciones», agregó el sablista Eliecer Romero, de 22 años y número 89 del ránking mundial.

Lejanía que pasa factura

Algo que, según señaló, le pasó factura en estos Juegos Panamericanos, donde no pudo avanzar a octavos de final.

«No me sentí muy bien. Son muchos factores, vivo en Italia y son como cuatro años que no veo a mi familia», apuntó Romero, quien se entrena en el país europeo y que alcanzó en los Juegos Suramericanos de 2018 el oro y en los Juegos Bolivarianos 2017, la presea plateada.

Pese a las dificultades, estar en Lima, una ciudad adonde muchos de sus amigos, incluso esgrimistas, se han visto obligados a migrar, es para ellos «un orgullo» y una demostración de «amor a su país» con la que hacen frente a las limitaciones de apoyo, así como a las ofertas de federaciones de otras nacionalidades.

La competencia panamericana de esgrima se desarrolla en el Centro de Convenciones de Lima, y su medallero es por ahora liderado por Estados Unidos, con cinco medallas de oro y una de bronce, seguido de Venezuela, con una medalla de oro, dos de plata y una de bronce.

EFE

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