Evangelio del Día. Juan 10,22-30

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“Era invierno y en Jerusalén se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo. Jesús se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón, cuando los judíos lo rodearon y le dijeron: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente.» Jesús les respondió: «Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen.

Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo, pero ustedes no creen porque no son ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano. Aquello que el Padre me ha dado es más fuerte que todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una sola cosa.»

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia universal celebra hoy la fiesta entre otros santos, en honor a Santa Zita de Lucca. Virgen, la cual, nacida de hogar humilde, a los doce años entró a servir a la familia de los Fatinelli, y perseveró hasta la muerte, con admirable paciencia, en este servicio doméstico. Nació cerca de Lucca, Italia en 1218 y murió en Lucca el 27 de abril de 1278. Patrona de las sirvientas domésticas. Se le invoca también por las llaves perdidas. Fue canonizada por S.S. León X el 5 de septiembre de 1696.

Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, Según San Juan capítulo 10, versos del 22 al 30, en el que los adversarios de JESÚS lo provocan para que declare abiertamente que Él es el Mesías Enviado por DIOS. JESÚS les responde indirectamente, haciendo alusión a Sus Palabras y a Sus Obras. Ya que son sobre todo estas últimas las que dan testimonio de Él, porque con ellas ha comunicado la Vida a los hombres.

 Teniendo en cuenta que estas Obras JESÚS las realiza en Nombre del PADRE. Y por eso es que en ellas se hace presente la Vida Divina, que Libera y Transforma. Pero solo Sus ovejas pueden reconocerlo y por eso reciben de Él la Vida. Y no se podrán perder porque viven Protegidas por la Mano del Hijo y la Mano del PADRE, que Son UNO, pues Ambos actúan en Común-unión y Unidad perfecta por la Salvación de Sus ovejas.

 Es importante destacar que el texto, continua con el discurso del Buen Pastor, que se inició el domingo pasado, pero esta vez sus interlocutores no son gente sencilla del pueblo, sino los dirigentes religiosos del Templo, que lo que quieren es satisfacer su curiosidad o un pretexto para condenarlo, por blasfemo. Por eso es que los dirigentes judíos con esta actitud provocativa, demuestran que no son pastores y que tampoco son del rebaño. Están ligados a la Ley, pero no al Espíritu, que es quien permite Creer y Ver la Novedad del Reino de DIOS, Encarnado en JESÚS, que reúne a su pueblo con la sola atracción de Su Persona.

 Al confrontarnos con el texto, vemos que la Fe en JESÚS es la que nos une, más que la fidelidad a las tradiciones del pasado, o la solidaridad entre comulgantes. Y es que el pueblo de Cristo no es una masa; no es la Humanidad con mayúscula. Sino que está compuesto de personas que valen cada una por sí misma y que han empezado con Él una aventura hecha de confianza y de Amor mutuo: “Yo las conozco y ellas escucharán mi voz” (Jn 10,27). Porque la COMUNIÓN entre JESÚS y Su Rebaño no se da por un mero cumplimiento u obligación, sino por el Reconocimiento y el Seguimiento Fiel a Su Proyecto de Vida.

 Y es que JESÚS Se Ha Encarnado en el mundo, no solo para Enseñarnos a ser más humanos, sino también, para demostrarnos que Él es un amigo Fiel que siempre está con nosotros. Y cuando los problemas como los que estamos viviendo, agudizados con la aparición de este virus, que, acabado con la vida de tantos seres queridos, nos hacen dudar, y pensemos que nos ha abandonado, Él nos dice: “Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano”.

 Voz que escuchamos Gracias a la Fuerza que nos da el Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, y en la Confirmación, para poder tener la Convicción que nos hace pasar de la Esperanza a la Alegría de sabernos ovejas entregadas por el PADRE al HIJO, y así proclamar junto al Salmista: “Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque Tú eres mi Pastor y siempre estás a mi lado; me guías por el buen camino y me llenas de confianza”. (Sal 23,4). Y es esa Convicción, la que nos hace tener la Confianza de que no estamos solos, que saldremos victoriosos de todos estos males que nos acechan, porque DIOS Está con Nosotros.

Señor JESÚS, Maestro y Pastor por excelencia, haz que Tu Iglesia encuentre su consuelo y su fuerza en Tu Mano y en la Mano del Padre, para seguir siendo el instrumento válido de Redención y de Esperanza, en este momento de postración que vive la humanidad. Amén.

 

Luis Perdomo