Evangelio del Día. Juan 12,44-50

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 “En aquel tiempo, Jesús dijo claramente: «El que cree en mí no cree solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir. Yo sé que su mandato es vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre.»

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia universal celebra hoy, la fiesta entre otros santos, en honor a San Luis María Grignion de Montfort, presbítero, que evangelizó las regiones occidentales de Francia, anunciando el misterio de la Sabiduría Eterna, y fundó dos congregaciones. Predicó y escribió acerca de la Cruz de Cristo y de la verdadera devoción hacia la Santísima Virgen, y, después de convertir a muchos, descansó de su peregrinación terrena en la aldea francesa de Saint-Laurent-sur-Sévre, en el año 1716. Había nacido en 1673 en Francia. Fue canonizado el 20 de julio de 1947, durante el pontificado de Pio XII

 Y la liturgia del día nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Juan, capítulo 12, verso 44 al verso 50, en el que nos presenta una narrativa para abrirnos la mente al mensaje de Salvación de JESÚS, y representa la conclusión última de Su Ministerio público. Es una llamada vehemente a escuchar y guardar Su Palabra.  Ya que, JESÚS enviado por el Padre, está íntimamente unido a Él, quien lo ve a Él ve al Padre.

 JESÚS Ha vivido de manera Radical Su Misión para dar muestra de Su condición Filial, que lo identifica Plenamente con el Padre. Ya que, como Portador de la Vida del Padre, tiene como Misión Hacer Resplandecer esa Vida en aquellos que crean en Él. Por eso es que Palabra y Vida se identifican en JESÚS, de tal manera que Su Palabra es Su Vida y viceversa. Por encargo del Padre Ha Recibido esa Palabra para darla a conocer y que sea Creída. Los que quieran seguirlo han de escucharla y ponerla en práctica, lo contrario es autoexcluirse de la Vida, de la que es portadora. En la acogida o rechazo de Su Palabra está en juego la vida misma de DIOS de la que es Portador y Facilitador, de manera que quien la acoge posee esa Vida y quien la rechaza, la desprecia.

Por eso se presenta como la Luz del mundo, porque Su venida al mundo constituye la Salvación, que ilumina nuestra existencia y humaniza nuestro mundo. Dejando claro que la finalidad de Su Encarnación no es de juicio y condenación, sino de Salvación y Vida Plena. Pero deja abierta la puerta para que el creyente acepte o rechace la oferta Salvífica del Padre, por medio de Su Hijo. Ahí radica el juicio y la condenación. DIOS no condena, Él siempre ofrece Salvación y Amor, y les da a los seres humanos el libre albedrío para aceptar o rechazar este maravilloso ofrecimiento.

   Al confrontarnos con el texto y ver que el evangelista introduce las palabras pronunciadas por JESÚS diciendo que gritó con fuerza. Podemos entender que este es un llamado de atención que nos manifiesta el fuerte deseo del Corazón de JESÚS de Ser Escuchado, Seguido, y Amado, por toda la humanidad, pero especialmente por todos aquellos que decidimos ser sus seguidores. Él grita para que lo escuchemos, grita para que sigamos su palabra, grita para que dejemos nuestra mediocridad e indiferencia, grita para que finalmente nos decidamos por Él y Su Evangelio.

 Grito que no debería quedar en el vacío, ya que de la actitud que tengamos de aceptación plena o de rechazo hacia Él y su Evangelio, nos jugamos la plenitud de la vida transitoria y la Vida Eterna. Porque tenemos que tener claro que la Salvación es gratuita, pero no barata, lo que pareciera una paradoja. Y es que después de que alguien haya decidido por JESÚS, hay que aceptar con libertad y gozo todas las implicaciones que ella exige, ya sean éticas, sociales, políticas, religiosas. Es un cambio total de vida, que muchas veces choca con nuestros propios prejuicios e intereses, ya que abrirse a la Luz produce deslumbramiento, por lo que hay que asimilar de forma progresiva el Torrente Luminoso que va permeando nuestro ser y la de nuestros entornos.

 Señor JESÚS, Ayúdanos a entender que recibirte a Ti como la Luz del mundo es dejarse penetrar por Tus Rayos revitalizadores y al mismo tiempo convertirse en Luz para nuestros semejantes, dando Testimonio de Tu Palabra a toda hora y en todos los espacios donde interactuemos. Amén.

 

Luis Perdomo