Evangelio del Día. Lucas 3,15-16.21-22

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«En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego». Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

En este Segundo Domingo del año 2022, la Iglesia Universal celebra la fiesta del Bautismo del SEÑOR, con la que se termina el ciclo de la NAVIDAD. JESÚS va al encuentro de Juan Bautista y se Bautiza con el pueblo, porque quiere compartir su suerte y consagrarse a su servicio, con la Certificación del Padre y del Espíritu Santo. Con esta Consagración, JESÚS Inaugura un Nuevo Proyecto de Salvación y Liberación Universal, fundamentado en la Justicia y la Solidaridad.

 Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, Según San Lucas capítulo 3, del verso 15 al verso 22. En el que, a pesar de lo condensado de su narrativa, se describe la Misión de Juan el Bautista, el Bautizo de JESÚS, Junto al Accionar del Padre y del Espíritu Santo. Allí Juan le aclara al pueblo que él no es el Mesías, sino el Precursor, por esto afirma: «Yo los Bautizo con agua, pero detrás de mí viene Él que los Bautizará con Espíritu Santo y Fuego». Ya que su tarea alcanza su verdadera dimensión cuando el Mismo DIOS, Declara a JESÚS como: «Su Hijo Predilecto».

Y es que, en la lógica de Lucas, el Bautizo de JESÚS, va unido a la Misión de Juan, que lo coloca como antesala a la Misión de JESÚS en medio del mundo, que tiene que ser Ratificada por el Padre, y por el Espíritu Santo, que entran en la escena, ya que para reconocer al Mesías, no hay otra manera que la de acudir a la Gracia y a la Luz del Espíritu Santo, que como en el tiempo del Éxodo decide bajar para ubicarse al lado del pueblo, abriendo el Cielo que permanecía cerrado por el egoísmo humano, y curar la sordera para poder escuchar la Voz de DIOS.

De tal manera que esta declaración que el Espíritu hace sobre la persona de JESÚS, da inicio al tiempo de la Gracia, que es extensiva a todos los seres humanos. Ya que para eso JESÚS se ha hecho hombre, para limpiar el rostro de la humanidad violentada y todo rastro de injusticias dejados por los poderes fácticos del mal que se ha enquistado sobre los débiles. Y con Su Gracia cada ser humano experimente en su propia vida el ser hijo predilecto de DIOS.

Al confrontarnos con el texto, vemos que Juan Bautista, no se engolosina ante la confusión de la gente, y declara con humildad y grandeza que él no es el Mesías, sino el Precursor. Por su parte JESÚS, asume Su Misión en su consagración Bautismal con radicalidad y fidelidad, Compromiso que es Certificado por Padre y por el Espíritu Santo. Acciones que nos invitan hacer una revisión detenida y consciente de cómo hemos asumido nuestro Bautismo al interior de nuestra comunidad de Fe y en medio de los distintos entornos donde nos desarrollamos.

 Y al revisar nuestro compromiso Bautismal de ser Sacerdotes, para celebrar junto a nuestra comunidad eclesial los misterios de Fe que no unen a la Divinidad, y ayudar en la edificación de la Iglesia Peregrina y visible, fortaleciendo sus opciones fundamentales de la búsqueda del bien común, de la lucha por la dignidad de las personas y el encuentro de todos los seres humanos, sin distinción de ningún tipo, que haga posible la construcción de «la Civilización del AMOR». De ser Profetas con la humildad y la entereza de Juan Bautista, para Anunciar la Palabra de DIOS, Denunciar en el silencio de los grandes desiertos humanos, las injusticias, los crímenes, los abusos de poder, la indiferencia, la exclusión y tantos males que se han metido en «nuestros tuétanos», pero también para Auscultar las soluciones a estos males que pasa en primer lugar por reconocer nuestras fallas y en segundo lugar por reconocer las bondades del otro, y en ese reconocimiento mutuo poder ayudarnos unos a otros.

Revisar finalmente nuestra condición de Reyes, en el servicio, al estilo de Nuestro Señor JESUCRISTO, que nos AMA hasta el extremo de dar Su Vida por nosotros. Si asumimos ese compromiso entonces estaremos certificando con nuestras acciones la validez del Esfuerzo de JESÚS, ya que no podemos ser cristianos y estar de espalda a la realidad que viven nuestros semejantes. Porque solo con una vivencia profunda de nuestro compromiso Bautismal que nos haga vivir el AMOR y la Misericordia, hará creíble el Mensaje Cristiano, por lo que necesitamos más Testimonio y menos palabras.

Señor JESÚS, en muchos momentos sentimos que el Cielo se nos cierra, ayúdanos a configurarnos Contigo para vivir a plenitud nuestro compromiso Bautismal de ser Sacerdotes, Profetas y Reyes, y experimentar junto a TI la Gracia de ser «Hijos Predilectos del Padre». Amén.

 

Luis Perdomo