Tras años de formación académica y deportiva en Estados Unidos, Juan Andrés Hurtado Molina ha regresado a los campos venezolanos con una visión renovada.

El caraqueño de 28 años, con experiencia como caddie en los circuitos más exigentes del mundo, como lo son el PGA (torneo de golf profesional masculino) y LPGA Tour (torneo de golf profesional femenino), tiene una misión bastante clara: el profesionalismo y llegar al Latin America Amateur Championship (LAAC), previsto para el próximo año 2027.

Hurtado, biólogo de profesión, estudió a los mejores del mundo como caddie y desde esa experiencia ha transformado su metodología de entrenamiento, redireccionando sus esfuerzos hacia el juego corto.

«Mis prácticas son ahora 80% juego corto y putt y 20% juego largo», dijo el atleta en una entrevista con Nueva Prensa Digital.

«Si poteas bien, no tendrás días malos… salvarás las rondas», afirmó.

Sobre la ejecución en el campo, Hurtado se define como un jugador de sensaciones, distanciándose de la rigidez de los «jugadores robot».

Para él, la clave reside en sentir el ambiente y «jalar el gatillo» solo cuando el momento es el adecuado, siendo esta filosofía un complemento con una lección aprendida en el LPGA, que es la paciencia.

«Las mujeres me enseñaron a tener paciencia. Comienzan de manera conservadora y, cuando se sienten en su punto, atacan», explicó.

«En el golf no es cómo se comienza, sino cómo se termina», apuntó Hurtado Molina.

Su profesión le ha otorgado una ventana analítica inusual en el deporte; Hurtado comprende el campo como un ecosistema vivo donde factores como la altitud, temperatura y fotosíntesis sentencian el destino de la bola.

Retos en su regreso a Venezuela

Luego de jugar en escenarios norteamericanos, Juan Andrés Hurtado regresa a Venezuela y su primer reto en el golf fue la adaptación de la grama ‘Bermuda’ y el fenómeno del contrapleto, que es condicionado por la orientación del sol.

«En Venezuela existe el contrapelo; dependiendo de dónde se oculta el sol, el pelo de la grama estará guiado a esa dirección por la fotosíntesis natural», explicó, añadiendo que «eso hay que ajustarlo a la hora de leer las caídas en los greens».

Rumbo al profesionalismo: «Inner Circle»

Con un primer y segundo lugar en los torneos iniciales del calendario nacional, Hurtado entiende que el salto al profesionalismo no es un esfuerzo solitario.

Para él, la diferencia entre llegar al PGA Tour o quedarse en el camino radica en la formalización de un equipo multidisciplinario.

Su círculo ideal incluye un staff técnico, integrado por un coach, caddie y preparador físico, además de la salud mental y física con dos miembros importantes como un psicólogo deportivo y fisioterapeuta.

Y como todo deporte, es importante tener respaldo económico y buena gestión de la carrera, entrando en escena un agente y patrocinadores.

«La clave es la comunicación. Mientras haya una buena y sana comunicación… todos estarán remando en una misma dirección», aseguró.

«Nadie debe tratar de hacer el trabajo de nadie», sentenció.

Pese a haber nacido en Caracas, su formación como golfista la inició en Ciudad Guayana a los 10 años en un campamento de verano realizado por el Centro Ítalo Venezolano de Guayana y luego pasó al Club de Golf Caronoco.

Hurtado Molina quiere mantener viva la estela dejada por Jhonattan Vegas en aquel 2012 en las grandes ligas.

Hoy, con la mirada puesta en enero y el Ranking Mundial Amateur (WAGR), deja un mensaje de resiliencia para las nuevas generaciones.

«La paciencia es un árbol de raíces amargas, ¡pero que da frutos dulces!, y la disciplina siempre vencerá a la motivación y al talento que no trabaja», concluyó.

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