Fotografía de archivo del 31 de mayo de 2002 en la que se observa al centrocampista senegalés Salif Diao (i) al disputar el balón con el también centrocampista el francés Patrick Vieira durante el partido inaugural de la Copa del Mundo de la FIFA Corea-Japón 2002 en Seúl (Corea del Sur). EFE/Luis Tejido

Francia debutará este martes en el Mundial 2026 frente a Senegal en un duelo del grupo I marcado por el recuerdo de una de las mayores sorpresas de la historia reciente de los Mundiales: la victoria por 1-0 de los africanos sobre los entonces campeones del mundo en el partido inaugural de Corea del Sur y Japón 2002.

Veinticuatro años después de aquella noche histórica en Seúl, franceses y senegaleses vuelven a cruzarse en una Copa del Mundo, esta vez en el estadio Nueva York/Nueva Jersey (East Rutherford), con tres puntos que podrían ser decisivos en un grupo donde la Noruega de Erling Haaland aspira a pelear por el liderato.

La selección francesa llega al torneo como una de las principales candidatas al título, con una delantera estelar liderada por Kylian Mbappé, que, pese a sus más de 40 goles esta temporada, afronta el campeonato cuestionado tras un curso sin títulos con el Real Madrid.

Lo acompañarán Michael Olise, una de las grandes sensaciones del año con el Bayern de Múnich, y Ousmane Dembélé, vigente Balón de Oro y uno de los cinco ganadores de ese premio presentes en el Mundial.

A ellos se suman otros talentos como Bradley Barcola, Marcus Thuram, Désiré Doué o Rayan Cherki, que dan versatilidad y completan uno de los ataques más temibles del torneo.

Serán los encargados de aportar desequilibrio a una selección a la que solo se le puede achacar la falta de centrocampistas de creación en sus filas, algo que no impidió a Les Bleus imponerse en sus amistosos de marzo ante Brasil y Colombia o el último contra Irlanda del Norte.

Los galos aspiran a conquistar su tercer título mundial tras los logrados en 1998 y 2018. Subcampeones también en Catar 2022, donde sucumbieron ante la Argentina de Lionel Messi en la tanda de penaltis, los de Didier Deschamps conservan la pegada, solidez defensiva y buena parte del bloque (Kanté, Rabiot, Tchouaméni, Koundé) que les ha sostenido en los últimos años.

Senegal, por su parte, afronta el campeonato con la ambición de consolidarse como una de las grandes potencias del fútbol africano. Los Leones de la Teranga han apostado por la veteranía de Sadio Mané, Kalidou Koulibaly o Ismaila Sarr, que acompañarán a jóvenes como Nicolas Jackson, Pape Gueye o Ibrahim Mbaye, que militan ya en las principales ligas europeas.

Mané, ex de Liverpool y Bayern de Múnich y que ahora juega en el Al-Nassr saudí junto a Cristiano Ronaldo, deberá aportar experiencia a la selección dirigida por Pape Thiaw, que en ocasiones parte con defensa de tres y basa su juego en la disciplina táctica y su capacidad para explotar los espacios al contragolpe.

El recuerdo del triunfo de 2002 sigue muy presente en Senegal, donde aquella victoria frente a Francia es considerada uno de los hitos más importantes de la historia deportiva del país. Para los franceses, en cambio, aquel partido fue el inicio de una defensa del título que terminó de forma prematura.

Con Noruega, liderada por Haaland y Martin Ødegaard, como principal rival por el liderato del grupo, Francia buscará una victoria que les permita tomar la delantera y afrontar con mayor margen su compromiso contra el equipo escandinavo.

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