

El crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina ha dejado de ser únicamente un fenómeno demográfico y religioso para convertirse en un factor político de primer orden. Con capacidad para movilizar electorados, disputar bancadas legislativas e incidir en las agendas gubernamentales, este sector gana espacio de Centroamérica a Sudamérica, con Brasil como uno de sus epicentros más visibles, aunque su comportamiento no responda a un bloque electoral totalmente homogéneo.
En Brasil, los creyentes evangélicos pasaron del 15 % de la población en el año 2000 al 27 % en el censo de 2022, mientras estimaciones de firmas como Mar Asset Management calculan que el padrón de votantes de este sector se ubica en un 35 %.
Esta relevancia se traduce en las urnas y el Congreso: en la contienda presidencial, los sondeos reflejan un respaldo del 62 % hacia el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, frente a un 29 % destinado al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. En el Poder Legislativo, la bancada evangélica representa el 40 % de la Cámara de Diputados (210 legisladores), desde donde promueve posturas conservadoras en materia social y oposición al aborto.
Panorama centroamericano: alianzas, escaños y cambios de tendencia
En Costa Rica, donde representan el 30,8 % de la población frente al 49,8 % católico, el partido Nueva República —liderado por Fabricio Alvarado— pasó de lograr siete diputados en 2022 a quedar fuera del Congreso en los comicios de 2026, comicios en los que el voto evangélico respaldó mayoritariamente a la candidata oficialista Laura Fernández.
En Honduras, la feligresía sobrepasa el 40 % de los diez millones de habitantes, incrementando de forma progresiva su injerencia en asuntos públicos. En El Salvador representan alrededor del 36 % y en Perú se ubican entre el 11 % y el 14 %, con matices diversos en sus liderazgos frente al poder político.
Diversidad de posturas: la heterogeneidad del voto evangélico
Pese al aumento sostenido de feligreses, especialistas remarcan que no existe un comportamiento electoral unificado. La investigadora brasileña Magali Cunha subraya que los creyentes no orientan su decisión únicamente por móviles de fe.
Por su parte, Leandro Querido, director ejecutivo de Transparencia Electoral, señala que en barrios populares la comunidad evangélica ofrece redes de contención centradas en el trabajo y la familia. Según su análisis, es frecuente que estas comunidades apoyen opciones de centro o derecha al priorizar propuestas enfocadas en orden, seguridad, estabilidad económica y valores tradicionales.
En Argentina, donde la fe evangélica representa el 17,4 % de la población (unos 8 millones de personas), La Libertad Avanza cuenta con legisladores que profesan este culto, aunque no exista una articulación institucional formal entre las iglesias y el Gobierno de Javier Milei. En Perú, además de la representación de pastores en agrupaciones como Renovación Popular, destaca el desempeño histórico de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal (Aeminpu) a través del Frepap, partido que en 2020 obtuvo 15 escaños parlamentarios.
En El Salvador, las posiciones ante el Ejecutivo varían: mientras líderes como el pastor Edgar López Bertrand Jr. han respaldado al presidente Nayib Bukele, otros referentes como Mario Vega, de la Misión Cristiana Elim, han cuestionado duramente la gestión gubernamental.
Presencia en gabinetes y agenda de la «batalla cultural»
La penetración de esta fuerza se observa también en la estructura directiva de varios países. En Colombia, el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella —quien tejió alianzas con megaiglesias y plataformas como ‘Colombia Ora’— situó la restricción del aborto como un eje central de su agenda institucional.
Entretanto, en Chile, donde la comunidad evangélica abarca al 16,3 % de los habitantes (2,4 millones de personas), existen al menos ocho parlamentarios de esta fe y la ministra de la Mujer, Judith Marín, profesa esta doctrina. Asimismo, la administración del presidente José Antonio Kast habilitó una capilla evangélica permanente dentro del Palacio de La Moneda.
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