
La vida en el estado Bolívar transcurre entre la privación material y una asombrosa resistencia emocional. Así lo demuestra el Estudio de Bienestar Social 2025: ‘¿Qué dicen los guayaneses sobre su bienestar?’, presentado por el Centro de Estudios Regionales (CER) de la Universidad Católica Andrés Bello, extensión Guayana (UCAB Guayana). La investigación expone un complejo panorama en los 11 municipios de la entidad, donde el deterioro objetivo de la calidad de vida contrasta con la «antifragilidad» de una población que encuentra contención en sus hogares y en la espiritualidad.
El indicador global de bienestar social de la región se ubicó en un bajo 0.443. Sin embargo, la Dra. Aiskel Andrade, directora del CER y encargada de exponer los resultados, advirtió que la realidad económica subyacente es todavía más dramática que «si solo se midiera el ingreso, el índice de bienestar de los guayaneses caería a un alarmante 0.2».
El promedio general logra sostenerse gracias a la inclusión de factores subjetivos y dimensiones del entorno que los ciudadanos valoran de forma positiva a pesar de la adversidad.
Economía de subsistencia y desprotección laboral
El diagnóstico financiero que presenta el informe revela una vulnerabilidad extrema. El 74 % de los encuestados declaró percibir ingresos mensuales inferiores a los 300 dólares, recursos que se diluyen casi de inmediato en la canasta alimentaria; de hecho, el 97.7 % de quienes logran cubrir sus necesidades básicas reporta que prioriza la compra de comida.
Esta asfixia económica se traduce en insatisfacción: el 90 % de los guayaneses siente que sus ingresos no le permiten vivir la vida que merece y solo un ínfimo 2 % logra acceder libremente a actividades recreativas o de esparcimiento.
El mercado laboral tampoco ofrece certezas. Aunque el Estado registra un 70 % de ocupación activa, el empleo es mayoritariamente precario. Un 36 % de la población activa trabaja dentro de la economía informal y apenas el 24 % cuenta con mecanismos de protección social, una realidad que eleva los niveles de desamparo e inseguridad económica entre los trabajadores de la región.
Día a día bajo el colapso de los servicios
La investigación de la UCAB Guayana saca a la luz una paradoja estructural: a pesar de que formalmente existen altas coberturas de conexión a las redes públicas (90% en agua y 98 % en electricidad), el colapso operativo es la norma diaria. El 69 % de los habitantes de Bolívar padece interrupciones eléctricas cada día, mientras que el 40 % sufre cortes diarios en el suministro de agua.
Esta precariedad condiciona e interrumpe la rutina de los hogares; por ello, apenas el 15 % de la población se declaró satisfecha con la regularidad de los servicios básicos. En el ámbito habitacional, el 65% es propietario de su vivienda y un 24 % vive en condiciones de hacinamiento. Curiosamente, el 63 % describe su hogar como confortable, un fenómeno que el estudio asocia a «preferencias adaptativas», un mecanismo psicológico mediante el cual los ciudadanos mitigan e internalizan la pobreza material.
Descontento en educación, salud e instituciones
El declive de los servicios se extiende con fuerza a las aulas y a los centros de salud. La insatisfacción con el sistema educativo es contundente, pues apenas el 9 % de los encuestados se siente conforme con él, en un contexto donde solo el 28.1 % de la población ha alcanzado la educación universitaria.
En materia sanitaria, el 68% de los guayaneses depende de la golpeada red de hospitales y ambulatorios públicos, pero solo un 26 % reporta estar satisfecho con la atención recibida.
A este escenario se suma una marcada desconfianza institucional que debilita el tejido comunitario. Aunque el estudio registró apenas un 2 % de incidencia delictiva directa, el 70 % de los ciudadanos percibe que su comunidad es insegura y considera inútil denunciar los delitos. Esto ha provocado un repliegue social: el 80 % de la población prefiere no participar en actividades comunitarias debido a la desconfianza generalizada y a la excesiva valoración partidista de dichas estructuras.
Capital relacional como salvavidas
Ante la ausencia de respuestas por parte del Estado, el verdadero soporte de la región Guayana es su gente. «El bienestar en Guayana no lo sostiene el Estado, sino el capital relacional: la familia y la pareja son la principal red de apoyo para el 86 % de los ciudadanos», aseveró la Dra. Andrade. Junto al entorno familiar, la espiritualidad emerge como una fuerza de contención emocional masiva, con un 67 % de los encuestados identificando a los grupos religiosos como un pilar fundamental para seguir adelante.
Por esta razón, la directora del CER catalogó a la población como “una sociedad antifrágil”, destacando su enorme capacidad para asumir la adversidad material con valentía.
Ciencia para la reconstrucción social
Durante el cierre del evento, el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCAB, Ronald Balza, alabó el rigor metodológico de esta investigación multidimensional, iniciada en 2020 y basada en encuestas anuales aplicadas entre noviembre y diciembre.
Balza enfatizó que ir al terreno a escuchar la percepción de las mismas personas ofrece datos que los análisis per cápita tradicionales suelen invisibilizar debido a las asimetrías regionales.
Por su parte, el vicerrector de la UCAB Guayana, Jorge Pernía, recordó que la academia investiga para incidir y aportar soluciones viables. Al definir este estudio como una «hoja de ruta» para el diseño de políticas públicas acertadas, Pernía instó a los sectores gubernamentales, empresariales y sociales a utilizar estos resultados como una herramienta científica esencial para reconstruir el tejido social y económico del estado Bolívar.
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