
La guerra en Oriente Medio podría poner «en grave peligro» el suministro de agua en los países del Golfo si las desaladoras o sus alrededores se convierten en «objetivos estratégicos» del conflicto, afirma Ginger Matchett, directora adjunta del Centro para la Estrategia y la Seguridad del Atlantic Council.
Los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) enfrentan una escasez hídrica «extrema», según el Banco Mundial, lo que hace «crítica» su dependencia del agua desalada, explica Sofía Tirado Sarti, investigadora del Programa de Energía y Clima del Real Instituto Elcano.
Aunque un protocolo adicional del Convenio de Ginebra prohíbe atacar plantas de desalación, ni Irán, ni Estados Unidos ni Israel lo han suscrito, advierte Tirado.
Vulnerabilidad geográfica y riesgos colaterales
Las desaladoras del CCG se concentran «principalmente a lo largo de la costa», según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), lo que las hace «muy vulnerables estratégicamente». «Puedes acceder a ellas por vía aérea y también por el mar», y su protección depende de «los sistemas antiaéreos» de cada país, añade la investigadora de Elcano.
En la misma zona se ubican infraestructuras petroleras y gasísticas, una ubicación «bastante peligrosa», según Matchett. Los sistemas de defensa podrían «desviar los restos de misiles interceptados» hacia las desaladoras, aunque no sean objetivos militares.
Esta cercanía responde a que «las desaladoras consumen mucha energía»: tres cuartas partes están conectadas a la red eléctrica. «No puedes producir agua sin energía, y muchas veces no puedes producir energía sin agua», resume Tirado. Reducir el consumo hídrico podría provocar cortes eléctricos, advierte Matchett.
El ciclo agua-petróleo: una paradoja letal
«Existe una paradoja entre el petróleo y el agua», dice Matchett: la extracción petrolera agota fuentes naturales de agua, impulsando desaladoras que, a su vez, «necesitan petróleo para funcionar» y generan «una demanda aún mayor», en un «nexo cíclico».
Alrededor del 75% de la producción desalada en el CCG depende de energía fósil (petróleo y gas natural), resalta Tirado. Un ataque «deliberado» contra estas plantas marcaría «una nueva fase» en la guerra, con «graves consecuencias» para la región, según Matchett.
En 2025, el agua desalada cubría más del 50% del agua potable: 42% en Emiratos Árabes Unidos (EAU), 86% en Omán y 90% en Kuwait y Baréin (FAO). Las reservas de emergencia durarían solo 16-45 días en Arabia Saudí y EAU; menos en Baréin, Catar o Kuwait.
Aunque planes de contingencia y estaciones de refuerzo complican dejarlas inoperativas, atacarlas sería «una línea roja» para el CCG, que podría confrontar a EE. UU. e Israel por esta dependencia. Un informe de la CIA de los 80 ya alertaba que daños a la desalación tendrían «consecuencias más graves» que cualquier otro sector. «Esto fue hace 40 años y la situación no es muy diferente», concluye Tirado.
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