Actual sede de la Heladería Bariloche en Puerto Ordaz

En Alta Vista existe un lugar donde el tiempo parece detenerse para dar paso al reencuentro y la nostalgia. La Heladería Bariloche no es solo un comercio de larga trayectoria; es una referencia geográfica y afectiva para varias generaciones de guayaneses.

Detrás de sus helados artesanales está la señora Ligia Esmeralda, administradora de 84 años que, con una lucidez impecable y profunda fe, repasa la historia de un negocio que nació de la fraternidad y se convirtió en patrimonio de la ciudad.

Ligia Esmeralda Guerrero, actual propietaria y cofundadora de la heladería.

De Buenos Aires a San Cristóbal

La historia de Bariloche comenzó lejos de Guayana, poco antes de la guerra de las Malvinas. Durante un viaje a Argentina, Ligia visitó a una familia amiga que atravesaba momentos difíciles. Dos jóvenes profesionales (un psicólogo y un contador público) le hicieron una propuesta que cambiaría sus vidas.

«Ligia, queremos hablar contigo aparte porque queremos exteriorizarte nuestro sentir y la crisis por la que estamos pasando. ¿No sería posible que usted nos recibiera en su ciudad en Venezuela y que pudiéramos llevar algo para desarrollar allá?», recordó aquella conversación.

La acogida en la capital tachirense, San Cristóbal, fue inmediata. Evaluando opciones accesibles para la época, decidieron abrir una heladería artesanal acompañada de un espacio para vender los famosos ‘choripanes’ argentinos.

¿Cómo surge el nombre de la heladería ‘Bariloche’?

Con respecto al nombre, Ligia explicó que surgió de manera natural.

«El nombre surge porque en San Cristóbal los nombres representativos y relacionados con el helado y el frío ya estaban ocupados. Como ellos eran argentinos, y Bariloche se identifica tanto con el helado y el chocolate, la sugerencia fue que a ellos les gustaría identificarse con su país», detalló.

Aunque el negocio prosperó, la familia de los fundadores no logró adaptarse a Venezuela, por lo que volvieron a Argentina, asumiendo Ligia Esmeralda el mando total.

Tiempo después, un hermano de ella que trabajaba en Sidor visitó San Cristobal y probó los helados y, al ver la gran receptividad, le propuso llevar la idea hasta Ciudad Guayana.

«Esto iría de maravilla en Puerto Ordaz. ¿Será posible, Ligia, que podamos estar allá?», dijo su hermano en aquel momento y así fue.

Inauguración de la sede actual de Bariloche.

Forecer en Guayana y la preferencia del público

Bariloche abrió sus puertas en Alta Vista, en la esquina de la vereda 4, en un espacio modesto. La respuesta de la población guayanesa y de la comunidad internacional de la zona fue inmediata.

Luego se mudaron donde estaba la farmacia, lugar que hoy permanecen.

«La generosidad de los guayaneses de esta ciudad y de todos esos trabajadores y personas que venían de otras naciones se hizo sentir: se familiarizaron y les gustó. Esas son las personas que nos ayudaron a impulsar el negocio», contó.

Aunque el primer helado elaborado fue la crema de banana (cambur), aprovechando la producción nacional, el paladar de la ciudad definió rápidamente a sus favoritos, como fueron el almendrado, pistacho, la torta suiza, el especial de dulce de leche con banana y granizado de chocolate oscuro.

Con más de 40 años, el local trascendió hasta redefinir el propio mapa urbano, pues la gente bautizó la carrera Roma como «la bajada de Bariloche», utilizándola como punto de referencia indispensable para dar direcciones en Puerto Ordaz.

Prueba de la hojarasca

Mantenerse firme durante más de cuatro décadas de transformaciones económicas en Guayana ha requerido resiliencia. Ligia Esmeralda explicó que este recorrido se ha realizado a través de lo que llama «la prueba de la hojarasca», metáfora bíblica y de vida.

«La prueba de la hojarasca es muy sencilla: si nos descuidamos, en un momento todo desaparece. Tenemos que analizar bien la situación, buscar un nuevo camino e intentar mejorar lo que ya conocemos», expresó.

Por esa perseverancia, la heladería se convirtió en un refugio para las familias, donde abuelos, padres, hijos y nietos siguen acudiendo a compartir un espacio de tranquilidad, escuchar música y evocar recuerdos, incluso con aquellos familiares que han emigrado.

«Hay quienes están en Chile, en Estados Unidos o en cualquier otro país, y siempre vienen sus padres o sus abuelitos, se toman fotos y les dicen: ‘Aquí estamos, en el lugar bonito al que solíamos traerte’. Les envían esas fotos y hay lágrimas. Eso es lo que nos hace seres humanos, eso es lo que motiva; no hay otra motivación ni recompensa más grande que esa», dijo con emoción.

Al consultarle a Ligia Esmeralda sobre la frase que resume el legado de la Heladería Bariloche para Ciudad Guayana, concluyó con la misma filosofía que ha guiado su vida.

«No es solo hacer, sino utilizar las mejores materias primas para enriquecer y recibir el retorno de la bendición que Dios nos ha dado para permanecer», sentenció.

Segunda sede en Guayana y tercera de la marca.

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