“En aquel tiempo Jesús le dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una comida, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos, porque ellos a su vez te invitarán a ti y así quedarás compensado. Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. ¡Qué suerte para ti, si ellos no pueden compensarte! Pues tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos.» 

Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana. Venezuela

La Iglesia Universal celebra hoy la fiesta, entre otros santos, en honor a San Alonso Rodríguez, quien nació en Segovia, España, en 1533. Son famosos la austeridad y rigor de su vida, su entrega a la plegaria, la obediencia absoluta y la absorción por los asuntos espirituales. Difundió y popularizó el Oficio Pequeño de Inmaculada Concepción. Murió el 31 de octubre de 1617 y fue enterrado a la iglesia de Monte Sion de Mallorca. Es considerado símbolo de la espiritualidad de los Hermanos Coadjutores jesuitas. Fue declarado venerable en 1626. En 1760, Clemente XIII decretó que «las virtudes del venerable Alonso se habían probado que eran de un grado heroico». Fue canonizado el 15 de enero de 1888 por el papa León XIII.

Y la liturgia de hoy nos presenta al Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Lucas capítulo 14, versos del 12 al 14. En el que se narra la exhortación que JESÚS le hace a quien lo había invitado a un banquete, para que no convierta un momento de encuentro y gratuidad, en una oportunidad para exhibir su poder y su ambición y además de eso que no pretenda con este gesto de buena vecindad buscar la reciprocidad de sus invitados o comensales. Esta exhortación del Maestro está muy relacionada con otras de sus enseñanzas: “si hacen el bien al que los trata bien ¿qué méritos van a tener?” (Lc 6,32).

Es importante tener en cuenta que, en el tiempo en que JESÚS, vivió su vida terrena, al igual que en nuestro tiempo, el objetivo de los grandes banquetes no es el de suplir las necesidades de alimentos, sino que son usados para agasajar a un poderoso y de esta manera obtener prebendas que aumentan los recursos económicos o los niveles de influencias de quienes ofrecen el festín. Esos banquetes sirven también para exhibir la abundancia material de los oferentes ante amigos y adversarios, satisfaciendo egos, e imponerse por encima de los tantos que tienen menos.

En cambio, que, para JESÚS, las comidas son un momento de comunión para todos aquellos que han sido excluidos de la escala social, religiosa, económica y política, son capaces de abrazar la causa del Reino y hacen del alimento, un gesto de solidaridad que anticipa la justicia de DIOS. Por eso es que La advertencia de JESÚS apunta a corregir las desviaciones de la ambición y del exhibicionismo que son unas de las principales causas de la injusticia y la exclusión. Junto a Su Advertencia, JESÚS nos dice que será DIOS quien pondrá orden en estos procederes injustos, nada menos que con la Resurrección, donde todos los creyentes Resucitaremos con la misma dignidad sin distingo de ningún orden.

Al confrontarnos con el texto, vemos que JESÚS nos invita a revisar nuestros códigos o manera de relacionarnos con nuestros semejantes, ya que muchas veces le otorgamos un mayor valor o importancia a las personas que ocupan unos cargos de poderes circunstanciales o que ostentan bienes materiales, antes que aquellos que no tienen nada. Ya que como cristianos debemos saber que lo único que incrementa nuestro valor como seres humanos, es la capacidad de solidaridad con quienes han sido despojados de su dignidad humana.

Y esa revisión personal debe de dar paso a la revisión de lo que sucede en nuestra sociedad, ya que en medio de una tragedia social se le ha sumado distintas tragedias por lluvias y desbordamiento de ríos, y como respuestas vemos con tristeza e indignación la demostración de opulencia de quienes detentan el poder con grandes banquetes y gastos publicitarios, enrostrándoles su poder a un gran número de personas que hurgan en la basura para poder comer. Qué bueno sería que toda esa cantidad de dinero que se malbarata a diario, fuese destinado a paliar el hambre, la falta de alimento y de medicina de la inmensa mayoría del pueblo de Venezuela.

De tal manera que la exhortación que JESÚS nos hace en el texto nos invita a hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué estoy haciendo yo para romper con este círculo de injusticia? ¿Me comporto como el anfitrión de JESÚS, ofreciendo banquetes para conseguir prebendas? ¿Cuándo veo un menesteroso prefiero pasar de largo o es objeto de mi atención, tal como me manda JESÚS?

Señor JESÚS, Tú nos invitas de manera gratuita al banquete de la Vida Eterna, haz que aprendamos de Tu generosidad y podamos poner lo poco o lo mucho de nuestros bienes materiales al servicio de todos aquellos que lo necesiten.

Amén

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