
Las brechas de género, las responsabilidades de cuidado en el hogar y la falta de espacios en las estructuras formales limitan el liderazgo femenino en los procesos políticos del país, a pesar de la amplia disposición de las mujeres para participar en la reconstrucción social y comunitaria.
Así lo afirmó la directora ejecutiva del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), Marianela Balbi, durante una entrevista concedida al programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegría Noticias, al presentar los resultados del informe “Sin nosotras no hay transición”, elaborado en conjunto con la Red de Mujeres Constructoras de Paz.
La investigación, fundamentada en consultas a más de 1.120 mujeres, grupos focales y entrevistas a lideresas, reveló un doble registro emocional marcado por las urgencias de la sobrevivencia diaria y la expectativa de un cambio en el país.
De acuerdo con los datos presentados por Balbi en Radio Fe y Alegría Noticias, el 69 % de las encuestadas considera indispensable la presencia femenina en un escenario de transición. Sin embargo, apenas un 2 % canaliza esa labor a través de partidos u organizaciones políticas tradicionales.
“Las mujeres están participando en muchos espacios y la política no es solo la que se hace desde los partidos. El 74 % indica que su principal participación se da durante los eventos electorales”, explicó la directora de IPYS, precisando que el trabajo de las venezolanas suele concentrarse en el ámbito comunitario, centros educativos, iglesias y el resguardo de los procesos de votación.
El peso del cuidado no remunerado
Entre los principales obstáculos para acceder a cargos de decisión formal, la portavoz destacó la carga del trabajo de cuidado no remunerado. El informe detalla que el 68 % de las madres dedica más de ocho horas diarias al cuidado de sus hijos, frente al 8 % de los padres.
Asimismo, un 31 % de las consultadas reportó acceso limitado a posiciones de liderazgo y falta de reconocimiento, mientras que el 22 % señaló la falta de tiempo como el factor determinante. «El tiempo se nos acaba cuando llegamos a la puerta», citó Balbi para ilustrar el impacto de la doble jornada doméstica y laboral.
En cuanto a la brecha generacional, el estudio identificó un menor involucramiento en las mujeres más jóvenes: la participación política activa alcanza el 88 % en mayores de 55 años, pero desciende al 56 % en el rango de 18 a 34 años.
Frente a este escenario, la investigación plantea implementar redes públicas de cuidado compartido, garantizar la paridad de género en candidaturas con opciones reales de representación y adoptar medidas de protección contra la represión diferenciada por motivos políticos.
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