Notas Pediátricas. Amibiasis Intestinal

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La amibiasis es un proceso patológico originado por la presencia en el tracto intestinal del ser humano del parasito conocido como Entamoeba histolytica, un protozoo que existe en forma de resistente quiste infeccioso o en forma de trofozoito móvil o invasor. El hombre es el huésped natural y el reservorio de la Entamoeba histolytica, la cual se transmite a través de alimentos o agua contaminados y mediante el contacto de persona a persona. La amiba parasita al humano y puede vivir en el intestino grueso como comensal (no produciendo enfermedad) y en un momento dado puede adquirir importancia clínica.

Los individuos infectados con la amiba y que no presentan sintomatología (que son la mayoría), son los portadores asintomáticos, los cuales contribuyen a la diseminación del microorganismo, de donde se contagian las personas que sí se enferman. Ataca en cualquier edad, siendo más frecuente en niños y adultos jóvenes.

Tiene distribución mundial, aunque su prevalencia es mayor en las zonas de malas condiciones higiénicas. Las formas parasitarias quísticas son eliminadas por las heces, de allí pasan al suelo, contaminando los vegetales, frutas y el agua potable, los que al ser consumidos producen la enfermedad.

De cada diez personas que se les detecta el parasito, una desarrollará síntomas, los cuales pueden variar desde una pequeña diarrea hasta casos más graves, produciendo complicaciones como perforación intestinal o amibiasis cutánea, o puede producir la formación de abscesos en el hígado, pulmón, corazón o cerebro. Afortunadamente las complicaciones no son frecuentes.

La sintomatología aguda se caracteriza por un intenso proceso diarreico con heces mucosas y sanguinolentas y con pronunciada sensación de tenesmo rectal, es decir deseo constante de defecar. Además la amibiasis aguda puede ir acompañada de fiebre, dolor abdominal (cólicos), dolor de cabeza y escalofríos.

Un 25% de los pacientes tienen lesiones ulceradas en el colon, que pueden verse a través de endoscopia rectal (sigmoidoscopia).Estas alteraciones pueden conducir a una perforación del colon con la consiguiente peritonitis.

El diagnóstico es sugerido por el cuadro clínico y epidemiológico y se confirma mediante la  demostración del parasito en las heces o en las biopsias de las ulceras del colon o tejidos extraintestinales invadidos, aunque en estos últimos el diagnóstico es más difícil por lo que ante la sospecha clínica de absceso hepático amebiano o en otro sitio, el único método diagnostico que tiene utilidad es la administración de prueba con medicamentos antiamibianos.-

 A pesar de la importancia de la enfermedad como problema de salud pública se cuenta con un número relativamente reducido de medicamentos para el tratamiento de la disentería amibiana y las formas extrahepaticas.

Debe educarse a la población en general con respecto a la higiene personal. eliminación de las heces en los lugares adecuados, así como lavarse las manos después de cada evacuación y antes de preparar los alimentos, hervir el agua antes de ingerirla para eliminar las formas quísticas que puedan estar en ésta, lavar bien las frutas y sobre todo las hortalizas. Erradicación de la población de moscas ya que estas pueden transportar los quiste de un lugar a otro.

Supervisión constante de los lugares donde se expenden alimentos obligando a la limpieza general de los locales. Realizar exámenes de heces a todos los integrantes del grupo familiar a que pertenezca el individuo afectado, para hacer descarte de los portadores asintomáticos. En consecuencia, las medidas de prevención contra esta enfermedad se basan en una esmerada higiene personal y ambiental, muy difícil de cumplir estrictamente en estos tiempos de crisis.

 

Hasta la próxima.

Dr. Hugo Lezama Hernández.

Pediatra Puericultor

Egresado de la Universidad de Oriente (UDO)