«La renuncia silenciosa» o el «quiet quitting» es el nuevo y polémico concepto en el plano laboral que le sigue los pasos a la «Gran renuncia», ocurrida en 2021 en EEUU.

Aunque el término incluye la palabra «renuncia», no se trata de abandonar el trabajo, sino de limitarse a hacer las tareas demarcadas, sin pasarse de los horarios establecidos y haciendo lo mínimo. 

En redes sociales se comenta que la «renuncia silenciosa» sigue los pasos de «la gran renuncia», un patrón de renuncias masivas que inició en la primavera de 2021, en Estados Unidos, cuando un promedio de 4 millones de norteamerianos abandonaban sus empleos cada mes. 

El slogan de la «renuncia silenciosa» es «no seré el dueño de la empresa, por lo tanto no me mataré horas trabajando».

El polémico término ha generado empatía y rechazo; algunos enfatizan en el equilibrio que debe existir entre la vida laboral y personal, sin hacer más de lo que se les paga en un ambiente de sobrecargo laboral, mientras otros consideran que esto responde a una cultura de ociosidad y pone en peligro la economía de la nación. 

La psicoterapeuta Enid Candelaria Vega, especializada en consultoría laboral en Virginia, sostiene que la práctica es una verbalización contra la sobrecarga laboral.

«Los empleados han delineado limitaciones ante la insatisfacción y presiones laborales, y quieren mantener un balance, tras dos años de pandemia, donde trabajaron de casa, pasaron más tiempo con la familia y revaluaron sus prioridades”, dijo Vega a El Tiempo Latino.

El fenómeno estalló en redes sociales hasta llegar a medios de comunicación formales, preocupando a los empleadores y provocando una serie de respuestas y análisis económico y social. 

Quienes aplican esta filosofía son jóvenes de la generación Z (nacidos entre 1998 y 2009) y los millenial tardíos (entre 1994 y 1997).

Un estudio de la encuestadora Gallup descubrió que más de la mitad de los trabajadores de EEUU desempeñan sus trabajos sin compromiso ni esfuerzo. Precisa que aproximadamente, 50 % de los trabajadores «no están comprometidos con su trabajo». 

La filosofía también responde a una rebelión de los empleados que no están dispuestos a trabajar en exceso para evitar la sobrecarga y fatiga laboral o el «quemarse».

Mientras más se siga hablando del tema, los analistas pronostican que la «renuncia silenciosa» podría convertirse en «los despidos a voz alta».